Bitácora

Desde hace pocos años, espero con ansia estas fechas, por el Festival de la ciudad de México y Radar (ahora Aural). Ahora que estoy en el pueblo, procuro ir a lo más que pueda, según se ajusten mis horarios de trabajo y la disponibilidad para trasladarme.

Hay varios espectáculos que me han impactado: Don Giovanni, hace dos años (¿o fue el pasado?) estuvo impresionante, me gustó mucho. También La música de las estrellas, en el espacio escultórico, fue casi mágico-cómico-místico.

De este año, me han gustado varios a los que he ido (y espero poder ir a más!), el concierto de Zoe Keating me encantó, muy tierno, igual que ella, apacible, arrullador,, bonito.

Y También Rusalka, la puesta en escena está muy bien, la escenografía fue lo que más me impresionó. La historia, basada en La sirenita de Andersen, es todo un culebrón, el final está horrible, nada de finales felices, está muy trágico. Todo un espectáculo. (Además, Rusalka ha sido el único espectáculo que ha empezado puntual puntual, no como los otros que se retrasan como media hora en promedio, que no mamen).

La ópera se me figura un viaje en el tiempo delicioso y rotundo, no solo por las historias en sí, no solo por el espectáculo, sino que como espectadores te exige otro campo mental, otro ritmo, otra visión de mundo, otro mood. Es como que estamos tan acostumbrados a lo inmediato, vertiginoso, a las películas rápidas, con efectos visuales y sonoros que te hacen saltar de la silla, soltar el grito. Y entonces te sientas a ver la ópera, y no mames, así como así viajas dos o tres siglos atrás: otro ritmo de escucha, otra ingenuidad, diálogos lentísimos y que se repiten una dos tres cuatro cinco veces, para que entiendas y comprendas y sientas y te dé la catarsis; no como en las telenovelas que ya no son lo de hace diez años. Ahora, según estudios profundísimos, los productores y directores de escenas telenoveleras saben que cada escena no debe durar más de 20 segundos, pas deben pasar a otra, pas a otra, pas a otra, porque si no la atención del público cae.

Y entonces en la ópera no, todo lentito, profundo, intenso, y cuando tú te dejas, ya estás en la inocencia de nuevo y como todo buen inocente, ya estás captando todo, ya estás sintiendo todo, ya estás lidiando con el destino, ya tu corazoncito late y ya sales renovado y feliz. Bueno, no.

Sola sola sola:

“Toma cuanto tengo y hazme humana”

¡Ni vivir ni morir!

Aquí el príncipe prefiere a la pasión en vez de a la frígida de Rusalka:

Aquí está repudiada por todos y por todo:

Aquí ya no me acuerdo por qué vuelve a aparecer la Hechicera:

Y acaba todo triste el asunto, como la vida misma, sí señor.

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2 respuestas a Bitácora

  1. boigen dijo:

    Nunca he ido a una ópera, y eso que vivo en donde vivo. Pendiente en la lista 🙂

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