Miscelánea

Me siento muy pero muy cansada. Susely está enferma por enésima vez (si no es ella soy yo) y por lo tanto no he ido al gimnasio (si no va ella no voy yo, osh, necesito que me arreen para levantarme en la madrugada, si no, no) y por lo tanto ando con la pila hasta abajo muerta de sueño todo el día.

Aquí lo único que pude ver de las ofrendas en el zócalo el año pasado. Era un mar de gente horrible, por poco me da el ataque de pánico. Salí inmediatamente antes de que muriera aplastada.

Además, me están dando masajes en todo mi cuerpecillo, me mancillan durante dos horas dos, lo que me deja más somnolienta y despistada que nada. Eso de que te bajen el estrés de la espalda es algo inusitado e inhumano. Necesito mis nudos y contracturas de regreso.

Me encantan mis zapatitos. Es el de la derecha, claro.

Tengo que estar cambiando intermitentemente de fonda a la hora de comer. ¿Por qué no puede uno ir a comer y ya? Comes y te vas. Pero no. Por ejemplo, en la fonda donde he ido últimamente, el monito que atiende: “¿qué pasó, señorita? ¿No le gusta la lechuga, verdad? Nada más comió una tortilla. ¿Ya a la escuela? ¿Nada más estudia entre semana o también los fines? Porque no trabaja, ¿verdad? ¿En qué canal quiere que ponga la tele? ud. dígame…” Una tortura que mis jetas antipáticas o mi interacción con el celular nomás no logran aminalar. Ya estaba yo resignándome a volver a buscar un nuevo lugar, pero hoy que fui según yo por última vez, después de pagar que me dice “espéreme, señorita” y que corre y que regresa con una mandarina en mano “tenga, están muy dulces, se la regalo”. Todavía tengo sentimientos, y las mandarinas dulces me gustan mucho, por el momento seguiré comiendo allí.

Quiero un bar así en mi casa.

El libro Déjame entrar está muy bueno. Esa sí es una historia de vampiros y no mamadas. Con la violencia de trasfondo, esa violencia tan bonita y sórdida que se da en los países primermundistas con climas acogedores como Suecia, Noruega, Dinamarca: violaciones, esclavitud sexual, trata de blancas y de menores, hostigamiento escolar, discriminación, racismo, violencia intrafamiliar y anexas. Y me enteré de algo que de veras no sabía ni me imaginaba: a los niños que prostituyen, sus dueños les mandan sacar la dentadura. Les mandan sacar todos los dientes, para que puedan hacer mejores mamadas. Y que la biblioteca pública de ¿Suecia? (es que ya no acuerdo si es Suecia o Dinamarca) es donde hay más niños prostitutos: vas, entras, y en los baños contratas servicios sexuales.

Y acabo de ver la película versión gringa, y no está nada mal. Pero nada como el libro, claro.

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Una respuesta a Miscelánea

  1. Bob dijo:

    Me gusta cuando uno se saca fotos de su pie con el de otro como punto de comparación, siento que es como medirse en la pared o contar los anillos de un árbol, hay algo entre enternecedor y lindo en ello… aún así, no entiendo el fetiche de pies, pero hey, ¿quién entiende eso?

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