A veces, la indiferencia no trae nada bueno

Es que hay momentos en la vida en que nomás no puedes. Te rebasan la apatía, el desencanto, la indiferencia, todo te da igual. Te das por vencido.

¿Y serán sólo momentos, o más bien es una etapa a la que llegas y de la nunca te irás?

Pues el caso es que estaba yo en ese momento, o estoy en esa etapa (el tiempo lo dirá) y pues entonces me daba completamente igual ir a un negocio de “piedras y minerales”. Todavía no me quedó claro qué vendían exactamente, pero había, en efecto, piedras y minerales. Pero en las joyerías también hay piedras y minerales. Pero aquí era como diferente: había, sí, pulseras de cuarzo, turquesa, rubí y anexas pero la monita te explicaba; nonono, mejor dicho, me gritoneaba pa-ra-qué servía cada maldita piedra, que si la energía, que si el humor, que si la manga del muerto.

Y ahora, un día después, como que despierto y me pregunto qué diablos hacía yo allí, cómo pude soportarlo. Pero es que hay momentos, pero es que hay etapas, mira tú.

Y no es que me sienta yo muy “civilizada” y europea y desdeñe esas ondas energéticas y mineraléticas. Todo es energía, ¿qué no?

Es que el problema no son los pobres minerales ni las pobres piedras ni los pobres amuletos ni la pobre energía ni las pobres cartas astrales y numerológicas. No.

El problema son las personas, mira tú qué gran descubrimiento. El problema es la gente.

Y luego yo, de amplio criterio o de amplia indiferencia, le pregunto por los amuletos y que esto y aquello, y el colmo:  resulto regañada, a gritos me explica que los amuletos no sirven si no trabajamos y si no cambiamos de actitud y la chingada. Válgame dios, la amuletera, la del negocio de piedras y minerales, gritoneándome que eso no funciona si no tenemos lo primero, explicándomelo a mí, a ver si vuelves a acompañar a la gente a esos lugares otra vez.

Y luego, yo sí quería unas tres pulseras de cuarzo porque estaban bien bonitas: una rosa pastel, una blanca anchota, también una de onix, también una de una piedra roja roja roja que siempre se me olvida cómo se llama. Y la monita nunca me hizo caso y nunca  me dio las malditas pulseras. O sea, la monita del negocio de piedras y minerales no quiso venderme sus pulseras de piedras y minerales. O sea, ¿cómo?

¿Qué de plano sí tengo una vibra bien odiosa que la amuletera esa no quiso recibir mi money money????

En fin.

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