Porque todo lo que necesitamos es pan, agua y una que otra ilusión

Hace un mes Isra y yo cumplimos seis años de casados.

Qué horror, seis años es mucho tiempo. Y añádele los cuatro anteriores…te has llevado toda mi preciada juventud.

La verdad, no tengo ánimos para ponerme a reflexionar sobre las relaciones de pareja, y el amorts, y el tiempo y la felicidad y el sufrimiento infinitos y la soledad y la fidelidad y todas esas bonitas cosas que vienen cuando cruzas palabra con un alguien y empiezas dizque a conocerse. Tampoco voy a narrar la telenovelesca historia de cómo nos conocimos y cómo nos enamoramos a la orilla del mar y yo sí conozco el amorts y blablabla.

La verdad, he de confesar ( y tú sabrás como tomarlo, tú sabrás cómo lo has tomado todos estos años) que no necesito a Isra y nunca necesité a nadie antes. Al menos no como lo he visto en las demás (sí, mujeres sobre todo): “que no puedo vivir sin él, que pienso en él todo el tiempo, que él sí me quiere, que somos el uno para el otro, que me muero si me deja, que quiero casarme a huevo, que ahora sí me enamoré, que estoy bien pendeja por él porque el amorts EQUIVALE así matemáticamente a estar pendeja y tirarse al drama y llorar y sufrir y sentirnos bien importantes y vivos y todo eso”.

Y bueno, viven unas relaciones así bien intensas que casi me da envidia, y sufren juntos y sufren separados; porque se separan y se pelean y se reconcilian, y cuando inevitablemente todo termina más pronto que tarde, pueden decir muy orondamente “no, pues yo me he enamorado tantas veces”.

Qué hueva.

Justo cuando menos lo necesitaba, llegó Isra, como debe ser. Llegó sin darme cuenta, como debe ser.

Y sigo sin necesitarlo para nada: puedo estar sola veinticuatro por veinticuatro, puedo platicar conmigo ante todo, y después con varios más, tengo un diván con quien elaborar mis problemas en lugar de agobiar a otros pobres mortales (y también tengo un blog para seguir diciendo tonterías sin agobiar a otros pobres mortales), el sexo es facilísimo de conseguir (además ¿quién lo necesita? Y es una lástima que tenga que afirmar que el sexo y el amor son dos cosas muy pero muy distintas y que pueden  y a veces deben no mezclarse. Mujeres, por fa escuchen), puedo salir y viajar sin compañía, yo sola me basto y me sobro para sufrir infinitamente sin motivo y sin ayuda de un otro, no necesito el dinero de nadie más para mantenerme…

Si estoy con Isra es porque se me da la puta gana estar con él. Y punto.

Y si Isra está conmigo, pues también.

Y el día que me necesite con todas sus fuerzas, o sea, el día que todo se joda, pues se irá.

O yo.

Así. Que yo sola me basto para dramas baratos, no necesito gritos ni sombrerazos ni llantos en pareja. (ash, juro que es verdad).

Como sea, sólo los dioses saben por qué y por cuánto tiempo querramos y podamos estar juntos, así que es una maravilla que durante diez años diez, Isra ha querido acompañar mi soledad. Ha sido todo un compañero, como nunca en la vida creí encontrar.

Y ya para terminar, sólo quiero decir: Isra, te lo he dicho una y mil veces, y quiero dejar constancia por acá. Si me vas a dejar algún día,  apúrate por todos los dioses, que sea ya por favor, ahora que todavía doy el gatazo y no en diez años cuando esté más vieja y más gorda y más amargada y nadie me quiera.

Ya en serio, gracias, Isra. ¿Queda claro cuánto te quiero? Es que ya ves, mi manera disfuncional de querer…

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