Porque a veces hay que salir del desierto para ir al desierto

Voy a intentar escribir.

Voy a intentar pensar que tengo algo que decir.

Siempre es lo  mismo: finalmente no hay nada que decir. Pero es bonito creer que sí.

Y justo ahora no tengo nada que hacer.

No es cierto: tengo muchísimo que hacer.

Desde hace dos o tres meses, muchísimo que hacer, incluso en domingo. En la semana, salgo en la mañana y no vuelvo a pisar mi casa sino hasta la noche, a veces hasta la madrugada (cosa inaudita en este pueblo, donde todo queda a cinco minutos y puedes comer en tu casa y regresar al trabajo y así). Ya no más tardes enteras de divagar, de leer (ajá), de ver televisión. ¡Maldición, ya no he podido ver televisión, el mundo se va a  acabar!!!!!!!! NO he ido al gimnasio, no tengo tiempo y sí mucha flojerita, me pondré gorda asquerosa desparramada todavía más debilucha. Adiós pantalones ajustados.

(Bueno, pero sí he leído algo, aunque Ratita no me crea. Ahora mismo leí medio libro Brooklyn follies, de Auster. Bueh, eso no es leer, ya sé).

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Hay gente que me despierta el firme propósito de que me caiga bien, porque “son bien buena onda, son buena gente” y son parte de mi nuevo súper círculo mágico cómico musical, pero de veras que con buenas intenciones no basta. No sé si reír o llorar, o alzarme de hombros. ¿Por qué hay gente tan pero tan pendeja?

Por ejemplo, ayer en una reunión con mis amiguitos y mentores, una monita, ya viejona, con unos ojazos hermosos, bien pero bien buena gente, bien pero bien buena onda, sale con sus pendejadas: “no, es que la masa, la masa que no piensa, la masa que se deja manejar, es que qué vamos a hacer nosotros los arrrrtistas que no podemos vivir del arrrrrte, qué vamos a hacer si la masa no quiere pensar, es que nosotros lo que pensamos y ellos los que no piensan. Y con esto del narco, los buenos y los malos (¡síiiiiiiiii! dijo “los buenos y los malos”) y me peleo con los policías en la calle porque quiero que me expliquen quiénes son los malos y …” NO mames no mames no mames, creí quen no podía ser peor, hasta que soltó que “con López Obrador estaríamos mejor, y el mesías, y quién nos va a salvar” y mamadas nunca antes dichas con toda la seriedad del mundo.

Afortunadamente nadie la apoyó, es más, unimos fuerzas para dizque hacerla entrar en razón  (bueno, mejor dicho, que por ahí no iba la cosa, pero quién sabe por donde sí), pero nomás no.

Pobre.

Lo peor de todo es que me hizo extrañar a mis compañeritos del trabajo, por lo menos ellos son pendejos porque son pendejos, y no porque tengan buenas intenciones fallidas.

Y ya me cansé de escribir de ese rollo.

Pero sí es muy buena onda. Pueden platicar muy a gusto con ella, nomás no toquen temas más complejos que una ostra.

No, pero es que qué patético su caso.

Pobre,de verdad. Debería empezar por salvarse a sí misma, que no da pie con bola y dios nos salve de sus impulsos mesiánicos.

El consuelo es que todos los demás en la reunión están haciendo cosas bien chingonas y a su modo están salvando el mundo (en el entendido de que el mundo ya se acabó), sin mayores aspavientos ni gritos ni lloriqueos como los de esta pendeja ni tampoco vanagloriándose ni rasgándose las vestiduras ni haciendo preguntas pendejas.

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En una decisión tomada en dos minutos (como debe ser), me iré por unos días al desierto con los huicholes, en una experiencia antropológica-filosófica-religiosa-espiritual-mágico-cómico-musical, con una nueva amiguis pero nueva nueva que acabo de conocer, y con quien compartiré horas y horas de carretera en mi coche y días sin bañarnos y de medio comer y vivir entre víboras y así.

O sea que todo pinta para un fracaso monumental, no solamente por la todavía desconocida compañía (pero pus todos somos desconocidos siempre, ¿no?) sino porque yo siempre he viajado con las mínimas comodidades y cuando se puede, con las máximas, y soy la única de mi alternativa familia que ODIA acampar y odia vivir en naturaleza, por lo que NUNCA he ido de campamento ni al benévolo bosquecito y ahora me voy al medio de la nada y en compañía, cuando siempre he viajado sola o con Ratita porque pus la convivencia como que  no se me da y nunca he compartido baño con más de dos personas y mejor ya me callo, porque si le sigo me voy a arrepentir.

La amigui ya fue, y me advirtió que de no ir en coche, serían como ocho horas  caminando después de tomar ocho mil camiones y sólo comeremos lo que podamos llevar porque ahí no hay nada,también llevaremos agua, y caminaremos y dormiremos entre serpientes y bichos y así.

Los animales no me importan, lo que sí es que mi cuerpo ha sido un tremendo obstáculo en mi vida, y no veo cómo aguantaré el calor y en la noche el frío y cómo haré del baño y cómo no me bañaré y cómo pasaré hambre y sed y sabe dios qué más.

Pero bueno, de tan mal que pintan las cosas, como que a lo mejor me irá muy bien.

Estoy emocionada.

Creo que sí, sí será algo bueno.

Lo presiento.

Del desierto no pueden salir más que cosas buenas, ¿no?

——

(Intentaré dejar uno o dos posts programados)

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Una respuesta a Porque a veces hay que salir del desierto para ir al desierto

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