¡Wait!

Si los centros comerciales son la personificación de la decadencia, la tristeza infinita y la desolación sin par, la zona de comida que tienen me provoca una depresión inmensa y cada vez que paso por ahí el alma se me hace más chiquita. No entiendo cómo a la gente puede gustarle tragar ahí, y eso sin mencionar la porquería de cosas que venden: pizzas, chafas, hamburguesas piteras, tacos chafas, tortas chafas, sushi chafa y así al infinito.

Tengo una lista interminable de cosas para las que no sirvo. Una de ellas, de la que me acabo de dar cuenta, es:

No sirvo para hacer el amor.

Ni falta que me hace, la verdad.

Por cierto, amo a mi maestro de fotografía. Iba a poner una foto suya para que vieran qué vejete tan adorable es, pero resulta que es famoso (según) y no lo vayan a reconocer. Su estudio es adorable, está en una casa vieja llena atascada de muebles y cosas antiquísimas, cientos de cámaras viejas y de todo tipo. Nos recibe, nos enseña, nos ayuda a hacer nuestra cámara panorámica de latas de sardina y nos cuenta historias de cuando trabajó con Rulfo, con Poniatosca (guácala), con Paz, con Luis Guzmán y etc. De esos vejetes que es una delicia escucharlos porque te regalan historias, recuerdos, experiencia. Ratita ya sabe que nuestro matrimonio peligra y el culpable tiene nombre.

Tiembla, Ratita.

“En su novela El primer círculo, Solzhenitzyn sitúa la acción en un campo de prisioneros en las afueras de Moscú; los prisioneros son técnicos altamente calificados forzados a trabajar en proyectos ideados por Stalin. El proyecto más importante de todos es el intento de construir un mecanismo capaz de intervenir los teléfonos. Pero lo que tiene que ser especial de este mecanismo concreto para intervenir los teléfonos es que no sólo grabará la voz y el mensaje sino que además identificará la modulación esencial de los sonidos de la voz que habla; descubrirá, según nos dice el autor, “aquello que hace que todas las voces humanas sea únicas”, de modo que no importará que el hablante disimule su acento o cambie de idioma, porque la estructura fundamental de su voz habrá sido identificada. La idea es que la voz es una especie de huella dactilar poseedora de una rúbrica constante y singular que, como las huellas dactilares, puede ser grabada y empleada para nuestra identificación.”

Seamus Heaney: De la emoción a las palabras.

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2 respuestas a ¡Wait!

  1. Oscar dijo:

    ¿y eso que tiene que ver con diciembre y sus posadas?

  2. dijo:

    Osh, ¿pues qué no todo tiene que ver con todo? Bueno, prometo mejorar

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