Can you hear what I hear?

Brian Eno, en la conferencia que dio en el Teatro de la ciudad, dijo algo así (lo digo como lo recuerdo, o sea que…pero es la idea): “a principios del siglo veinte se usaban las cámaras para filmar teatro, entonces se dieron cuenta de que podían hacerse cosas, como los close up, y entonces nació el cine. En la música se han inventado los estudios de grabación, nuevos instrumentos, discos, etc., lo cual implica otro esquema de lenguaje, entonces ¿por qué le seguimos llamando “música”?”

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Sueño güajiro (¿sí lleva diéresis?) : escribir algún día algo que inicie con la contundencia de este libro que estoy leyendo:

“Desde hace veinticinco siglos el saber occidental intenta ver el mundo. Todavía no ha comprendido que el mundo no se mira, se oye. No se lee, se escucha.

Nuestra ciencia siempre ha querido supervisar, contar, abstraer y castrar los sentidos, olvidando que la vida es ruidosa y que sólo la muerte es silenciosa: ruidos de trabajo, ruidos de los hombres y ruidos de las bestias. Ruidos comprados, vendidos o prohibidos. No ocurre nada esencial en donde el ruido no esté presente.

Hoy, la mirada está en quiebra, ya no vemos nuestro futuro, hemos construido un presente hecho de abstracción, de no-sentido y de silencio. Sin embargo, hay que aprender a juzgar una sociedad por sus ruidos, por su arte y por sus fiestas más que por sus estadísticas. Al escuchar los ruidos, podremos comprender mejor adónde nos arrastra la locura de los hombres y de las cuentas, y qué esperanzas son todavía posibles.

Entre los ruidos, la música, en tanto que producción autónoma, es una invención reciente. Hasta el siglo XVIII inclusive, la música se funde en una totalidad. Ambigua y frágil, en apariencia menor y accesoria, ha invadido nuestro mundo y nuestra vida cotidiana. Actualmente es inevitable, como si un ruido de fondo debiera cada vez más, en un mundo que se ha vuelto insensato, tranquilizar a los hombres. Hoy día también, dondequiera que la música está presente, también está ahí el dinero. Incluso si nos limitamos a las cifras, vemos que en ciertos países ya se le consagra más dinero que a lavarse, leer o beber. La música, disfrute inmaterial convertido en mercancía, viene a anunciar una sociedad del signo, de lo inmaterial vendido, de la relación social unificada en el dinero.

La música anuncia, pues es profética. Desde siempre, ha contenido en sus principios el anuncio de los tiempos por venir. Así, veremos que si la organización política del siglo XX se arraiga en el pensamiento político del siglo XIX, éste está casi completo, en germen, en la música del XVIII.

La música es más que un objeto de estudio: es un medio de percibir el mundo. Un útil de conocimiento. Hoy día, ninguna teorización mediante el lenguaje o las matemáticas ya es suficiente, porque está demasiado cargada de significantes previos, incapaz de dar cuenta de lo esencial de esta época: lo cualitativo y lo impreciso, la amenaza y la violencia. Los conceptos mejor establecidos se disuelven y todas las teorías flotan ante la ambigüedad creciente de los signos usados e intercambiados. Las  representaciones disponibles de la economía, atrapadas en esquemas instalados en el siglo XVII o todo lo más hacia 1850, no pueden ni predecir, ni describir, ni siquiera expresar aquello que nos aguarda.

(…)

Ninguna sociedad organizada puede existir sin estructurar diferencias en su seno. Ninguna economía comercial puede desarrollarse si reducir esas diferencias en la serie. La autodestrucción del capitalismo se halla en esta contradicción que la música vive de forma ensordecedora: instrumento de diferenciación, se ha convertido en lugar de repetición. Indiferenciada ella misma, se anonimiza en la mercancía y se enmascara en el divismo. Da así a entender lo esencial de las contradicciones de las sociedades desarrolladas: una búsqueda angustiada de la diferencia perdida, dentro de una lógica de la que se ha desterrado la diferencia.

El arte lleva la marca de su tiempo. ¿Y acaso es por eso una imagen clara? ¿Una estrategia de conocimiento? ¿Un instrumento de lucha? En los códigos que estructuran los ruidos y sus mutaciones, se anuncian una práctica y una lectura teórica nuevas: establecer relaciones entre la historia de los hombres, la dinámica de la economía y la historia del ordenamiento de los ruidos dentro de los códigos; predecir la evolución de la una por las formas de la otra; interpenetrar lo económico y lo estético; mostrar que la música es profética y que la organización social es su eco.

(…) “La metáfora no es para el verdadero poeta una figura de retórica, sino una imagen sustitutiva que pone realmente ante sus ojos en el lugar de una idea”(Nietzsche, Los orígenes de la tragedia).

Sin embargo, la música es metáfora creíble de lo real. No es una actividad autónoma, ni una implicación automática de la infraestructura económica. Es anuncio, pues el cambio se inscribe en el ruido más rápidamente de lo que tarda en transformar la sociedad. En definitiva, la sociedad es un juego de espejos en donde todas las actividades se reflejan, se definen, se registran y se deforman. Mirando dentro de lo uno, no se obtiene jamás sino una imagen de lo otro. A veces, un juego completo de espejos da una visión rica, por inesperada y profética. A veces no da otra cosa sino el vértigo de la nada.

Mozart o Bach reflejan el sueño de armonía de la burguesía mejor y antes que toda la teoría política del siglo XIX. Hay en las óperas de Cherubini un soplo revolucionario raramente alcanzado en el debate político. Joplin, Dylan o Hendrix dicen más sobre el sueño liberador de los años sesenta que ninguna teoría de la crisis. Los productos estandarizados de las variedades de nuestros días, los hit-parades y los show business son las caricaturas, irrisorias y proféticas, de las formas por venir de la canalización represiva del deseo.

Para Marx la música es “espejo de la realidad”; para Nietzsche, “palabra de verdad”; para Freud, “texto a descifrar”. Ella es todo eso, porque es uno de los lugares en donde se inician las mutaciones y en donde se segrega la ciencia: “Si cerráis los ojos, perdéis el poder de abstraer” (Michel Serres). Aun cuando no fuera más que un rodeo para hablar al hombre de la obra del hombre, para escuchar y hacer oír su enajenación, para sentir la inmensidad inaceptable de su futuro silencio, y  la amplitud de su creatividad yerma, escuchar la música, es escuchar todos los ruidos y darse cuenta de que su apropiación y su control es reflejo de poder, esencialmente político.”

Jacques Attali: Ruidos, Ensayo sobre la economía política de la música.

Después se va poniendo más rudo, espero esta sea la vez definitiva que pueda terminar de leerlo. Tiene alrededor de 200 páginas, pero es de los libros más difíciles que he leído.

Me pregunto qué se necesita para ver esas cosas, para mirar y escuchar el mundo como lo hacen Eno, Attali y tantos otros.

Preguntarse

Y estar abierto a todo y a los demás.

Últimamente, he hecho esfuerzos sobrehumanos (ayayay, la dramática, jo. Pero sí) por abrirme a los demás y por escucharlos sin sentir asco por ellos, por mí.

Porque hasta ahora, la gente, esa gente que tanta repulsa da a ti y a mí, esa gente me ha salvado.

Cuando he sentido que ya no puedo  más, como ahora; cuando siento que la angustia no me deja respirar, como ahora; cuando ya nada tiene sentido, como ahora; cuando siento que estoy más gorda que nunca, como ahora; cuando siento que todos todos me rechazan, como ahora; cuando siento que nadie me quiere, como ahora; cuanto siento que a todos caigo mal, como ahora; cuando quiero llorar todo el día, como ahora; cuando me veo más fea que nunca, como ahora; cuando la fiesta no es para mí, como ahora; cuando todas las ausencias me llaman, como ahora; cuando un metro de distancia física es una barrera infranqueable, como ahora; cuando todo eso, no me ha quedado más que preguntar a alguien “¿qué pasa?”, interrogar al que está en ti que me rechazas, al que me encuentra indiferente y al que está en el espejo, a los  que están en mi librero, a los que hacen películas, a todos los que me rodean. En mi dolor y en mis miedos que, en cuanto creo superados, vuelven a tomar la rienda, y vuelta a empezar.

¿Es que acaso vale la pena tanto puto esfuerzo?

La mayoría de las veces “gano”, pero en el camino quedan pérdidas y encuentros que ni llegaron a ser que duelen mucho. Algún día sabré que hacer con ello.

Al menos lo intenté.

Al menos lo sigo intentando.

Espero nunca dejar de hacerlo.

Intentan consolarme: “la gente es rara, ya lo sabes(sí, dímelo a mí…), si no pueden o no quieren es su problema, ya no te corresponde…”

Pues sí, la gente:

¿Tendrá miedo? -Yo también me cago del puto miedo, pero lo intento, los dioses están de testigos de que lo intento; si no para qué me muevo de mi casa, para empezar.

¿Será muy tímida? -Yo también, y sin embargo, lo intento…

¿Le caigo mal? -La gente a mí también me cae mal, y sin embargo, nos doy chance.

¿Espera, en su trono, que yo me acerque, solicite audiencia y logre caerle bien? -Pues he superado mi soberbia y ya lo hice, ya lo hago, siempre busco y no me importa. Pero supongo que cuando obtienes monosílabos, cuando terminas haciendo preguntas estúpidas del tipo ¿y te gusta el cine? y así, es obvio que no hay  mucho que hacer ya, aunque me duela.

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Y hablando de lo mismo, también estoy leyendo este libro:

“¿Qué significa dicha acentuación de la sensibilidad? ¿Cómo se  operó aquella misteriosa e inquietante desodorización, que hace de nosotros seres intolerantes acerca de lo que viene a romper el silencio olfativo de nuestro entorno? ¿Cuáles fueron las etapas de esa profunda modificación de naturaleza antropológica? ¿Qué apuestas sociales se esconden tras esa mutación de los esquemas de apreciación y los sistemas simbólicos?

Sabemos que el problema no escapó a Lucien Febvre: la historia de la percepción olfativa figura entre las numerosas pistas que siguió. Desde entonces, la de la mirada y la del gusto concentraron la atención; la primera, estimulada por el descubrimiento del gran sueño panóptico y fuerte por su alianza con la estética; la segunda, abrigada tras el deseo de analizar la sociabilidad y el rito de la vida cotidiana. En este terreno, también el olfato padeció a causa de la descalificación de que fue víctima cuando comenzaba la ofensiva contra la intensidad olfativa del espacio público.

Una vez más, el silencio se hizo presente. El uso de los sentidos, su jerarquía vivida tiene una historia; en esta  materia nada camina por sí, nada justifica el negligente desdén de los especialistas. Repeler los olores no sólo resulta del progreso de las técnicas. No nace con el vaporizador y el desodorante corporal; éstos no hacen sino traducir una obsesión antigua y actualizar una vieja tendencia.

Ha llegado la hora de volver a considerar esta histórica batalla de la percepción y de descubrir la coherencia de los sistemas de imágenes que presidieron su desencadenamiento. Pero al mismo tiempo se impone confrontar las estructuras sociales y la diversidad de los comportamientos perceptivos. Es inútil pretender el estudio de tensiones y enfrentamientos, y sofocar los diversos modos de la sensibilidad, tan fuertemente implicados en tales conflictos. El horror tiene su poder; el detritus nauseabundo amenaza el orden social; la victoria tranquilizadora de la higiene y de la suavidad acentúa la estabilidad.

(Y luego) :

El análisis del discurso científico y normativo acerca de la percepción olfativa, la sociología del comportamiento decretada por los sabios, la interpretación subjetiva que proporcionan; las actitudes, tal como se bosquejan en su complejidad social, a través de la historia vivida de la intolerancia, del placer o de la complacencia; las estrategias que aplican las autoridades, instituyen un campo de estudio fragmentado en cuyo interior lo real y lo imaginario se entreveran, a tal punto que sería muy simplista querer a toda costa y en todo instante operar tal partición.

Frente a tal extensión, el buen sentido obliga a los objetivos limitados; en espera de que la multiplicidad de los trabajos consagrados a la historia de la percepción autorice un estudio global de los comportamientos, me propongo proporcionar algunos materiales, cuidadosamente etiquetados, a todos los investigadores cuyos útiles de análisis permitan elaborar después una verdadera psicohistoria.

Corbin, Alain: El perfume o el miasma, El olfato y lo imaginario social Siglos XVIII y XIX, FCE

——–

Y como todo tiene que ver con todo, también esto es de lo mismo:

“Ha hablado usted varias veces de la conveniencia de tener varios espejos de cuerpo entero por toda la casa para conocerse físicamente y saber vestirse bien. El espejo es el principal accesorio para las mujeres. Y para los hombres.

Harrison Ford ha hecho quitar todos los espejos de su casa para no verse envejecido… Pues no lo entiendo. La alternativa a no querer verse viejo es estar muerto. Todos tenemos que aprender a envejecer y a cambiar de edad. No hay nada más triste que un hombre o una mujer pretendiendo tener una edad que no tiene. Por eso hay que mirarse en el espejo: hay que ir al compás del tiempo y con el momento de cada cual.

Porque tanto la moda como  los perfumes nunca tienen fin. La moda se relaciona con la época y no es en absoluto frívola como mucha gente cree. Cada vez que uno se viste está viviendo la historia y creando algo.

¿Cómo explicaría, entonces, que creadores, artistas plásticos, suelan ir tan mal vestidos? Yo supongo que creen que vistiendo distraídamente dan a entender que están pensando en algo más profundo. Y a otros quizá les guste parecer excéntricos. Aunque quizá la diferencia entre la moda y las artes plásticas es que la moda incluye el movimiento. El cuadro está quieto, pero la moda se concibe como algo en movimiento.”

Entrevista a Carolina Herrera, en la revista semanal de El País, hace dos o tres semanas.


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2 respuestas a Can you hear what I hear?

  1. Ross dijo:

    Nop, guajiro no lleva dieresis. Solo cuando es ‘e’ o ‘i’ como güera o pingüino =P

  2. con vocales suaves: diéresis
    con vocales fuertes: no diéresis
    🙂

    Irremediablemente me llega lo que escribes, hay cierto paralelismo de ideas; la forma en que hablas de la percepción del mundo a través de los sentidos antes que la percepción intelectual es como siento la forma en que se vive un espacio (inevitablemente hablaré de arquitectura y del espacio… reniego de ello pero soy incapaz de vivir alejado de ella)…

    Sobre el silencio: no creo que vivamos en una abstracción del ruido y el silencio como ausencia. El silencio es tan importante como el ruido. Prefiero el silencio, sí; pero no se puede entender éste sin el ruido circundante, el que determina sus inicios y finales.

    Al final es con todos los sentidos: son contrastes; buscamos contrastes entre aromas y hedores, ruido y silencio, liso y estriado, cálido y frío… es la transición entre uno y otro donde uno busca estar. Esa difusa decisión de la no determinación.

    Llegamos a momentos en los que vivimos esos contrastes y transiciones de una forma tan fuerte que se vuelve dañino… pero lo sufrimos tanto que el cambio de ánimo se nota más y entramos ahí… en ese flujo de silencios y sonidos (o aromas, texturas, temperaturas, temperamentos). Que el resto de la gente no lo entienda, no lo viva, no sepa siquiera de qué hablas es triste, asqueroso —como bien dices— y te hace odiarlos. Eventualmente recapacitas y les escuchas, algo deben tener qué decir… y hay casos excepcionales en que dicen cosas que no esperabas, que completan lo que piensas y desencadenan nuevos flujos, movimiento, crecimiento.

    El arte no sólo es estático… hay movimiento, hay piezas que duran un periodo de tiempo específico y sólo queda documento, no piezas como tal… el arte mismo es efímero en muchos casos (o ausente… mero referente). La música es aún más material que el arte en ese sentido. Hay disco, vinyl, archivo .m4a, memoria usb, link de descarga… que no dudaría de llamarle bienes materiales pues en estas épocas son nuestros bienes más preciados. Artes plásticas no es accionismo o performance o land art pero hay procesos que las llevan a ser lo que son.

    Ver el proceso de las cosas que son importantes para uno y entender cómo se liga con otros procesos, de la naturaleza que sea… creo que eso es lo importante. Las ligas, el flujo entre lo (aparentemente) inconexo.

    —@arqaissa

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