Gran Torino

Tú me enseñaste a ser quien soy (¿y quién soy? Ash, supongamos que soy y ya)

Tú me enseñaste a buscarme

Tú me enseñaste a bastarme

Tú me enseñaste a no necesitarte a ti, ni a ella ni a nadie más.

Y tú me enseñaste que necesito de todos para ser

Tú me enseñaste a vivir buscando el sentido

Tú me enseñaste que la guía para el sentido es la muerte

Tú me enseñaste a buscar mirar de frente al espejo, a la vida, a la muerte

 

************

 

Yo he vivido siempre contigo.

Yo recorrí contigo todo el Centro: la Morelos, Tepito, la Obrera, Panaderos, esa calle donde ahora ni la policía entra, esa vecindad que hoy es el principal punto de venta de armas y drogas de la ciudad.

Yo aprendí con tu maestro Gutierritos.

Yo le decía a tu maestro que fuera a tu casa, para exigirle a tu madre que te dejara ir a la escuela en vez de mandarte a trabajar.

Yo trabajé contigo en todos esos edificios y calles del Centro.

Yo les di un beso a todos esos oficinistas que te veían con ternura, que te aconsejaban, que te ayudaron a continuar estudiando.

Yo les di un beso a tus patrones que te hablaban de la vida, que te prometieron heredarte el negocio pero sus familiares no lo permitieron.

 

Yo te susurraba al oído: “ESCUCHA, ESCUCHA, ESCUCHA”

 

Y tú escuchabas, a todos y a todo, y nunca has olvidado nada.

 

Yo estuve contigo en esa escuela donde sales en una foto con tus piernitas colgando de la banca.

Yo pasé hambre contigo, toda tu infancia se llamó hambre.

Yo sufrí miedo contigo, toda tu infancia se llamó miedo.

Yo bailé contigo y moría de felicidad cuando ganabas todos los concursos de baile y eras el rey de las pistas y todas las muchachas se peleaban por ser tu pareja.

Yo velé por ti cuando te asaltaron y golpearon y dejaron malherido en medio de la carretera. Yo bendigo al peatón que pasó y, creyéndote borracho, te arrastró a la banqueta para que no te atropellaran.

Yo sentí tu furia cuando eras el peligro del barrio y el líder de la pandilla.

Yo detuve tu mano cuando regresaste a la cantina por venganza, con tu pistola cargada.

 

Vivida la miseria, juntos buscamos la seguridad de lo material. Nunca te he visto descansar.

El dinero nos proporciona la ilusión de no volver a eso jamás, nos protege del miedo.

 

Yo también escuché la voz que te dijo: deja de beber, deja de ganar, hay un mundo allá afuera hecho sólo para ti.

Y salí contigo a ese mundo.

Yo estudié contigo en San Ildefonso.

Yo estudié contigo Matemáticas puras, por eso supe que no era lo mío.

Yo era la más orgullosa cuando anunciaban que eras el de mejor promedio de la facultad de ciencias.

Yo era todo oídos en tus eternas pláticas universitarias en la cafetería.

Yo te buscaba, igual que todos los de la facultad.

 

Ahí supimos que lo más bello de la vida son los amigos, aunque ahora escasean cada vez más y los nuevos amigos se resisten a serlo y la mala soledad va ganando la batalla.

Ahí supimos que lo más bello de la vida son las tardes interminables con un Otro. El encuentro, la sonrisa acompañada, la soledad acompañada, los chistes malos.

 

Ahí fuiste feliz, y yo también.

Ahí pensamos que podíamos cambiar al mundo.

Y entonces vino la desilusión, la sangre, la muerte, la locura.

Yo te acompañé cuando, perdida la razón, caminabas toda la noche, desde el norte hasta Tlalpan y de regreso, hablando solo.

Yo velé tus desvaríos y rogué porque volvieras a este mundo, a este mundo hecho una mierda, pero que no podía dejarte ir.

Y regresaste conmigo a tu lado.

Y entonces estudié contigo Ciencias políticas y Administración pública.

 

********

 

Y cuando quisiste mirar mi rostro y tomarme de la mano y hacer que bailara con mis pies sobre los tuyos, supimos que los milagros existen, y supimos que todo podía valer la pena.

 

********

 

Nunca hemos hablado, porque cuando yo nací tú ya estabas cansado. No de vivir, sino de tanto amar vivir y ser el cuerpo tan débil.

Nunca hemos hablado, porque las palabras sobran entre nosotros.

Nunca hemos hablado, porque tú y yo somos la misma carne.

 

********

 

Por tus motivos, tú no puedes pensar la existencia de un dios. Yo, por los mismos motivos, creo en su existencia.

 

La única vez que tuve la osadía de dirigirme a un dios, fue para rogarle, en medio de un llanto desesperado, que me dejara recibir todo tu dolor. Yo puedo con él. Yo puedo con él, con tal de quitártelo a ti. Yo puedo con él, con tal de procurarte tranquilidad.

Yo ya nací sin ilusión, pasada la ingenuidad.

Sigue viviendo, que el dolor del pasado, del presente y del futuro, puedo sufrirlo yo.

Yo asumo la responsabilidad de mis palabras.

Yo asumo la responsabilidad de querer que sea así, y no al revés.

 

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2 respuestas a Gran Torino

  1. enrixten dijo:

    Ya decía yo que de sabandija, nada.
    Hermosísmo texto. Desde los recovecos de la tripa.
    Que bonito. Felicidades.

  2. dijo:

    Gracias, enrixten. Abrazos

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