Recuento que al parecer a nadie le interesa pero por eso te lo digo a ti

Los últimos días he hecho muchas cosas., aunque a veces no las que debería: desde enero no hago ejercicio y ya no aguanto más, pero es la hora que no regreso al gimnasio. Pero ésa es otra historia.

He trabajado mucho, a gusto -rarísimo-  en mi cuchitril, mis compañeritos y sus historias ni me van ni me vienen, he ido a museos, he salido, he platicado, ¡he leído!, he visto películas, sacado muchas fotos, ido a inauguraciones de exposiciones -la de pintura de ayer no me gustó, fue equis, “no me estremeció” diría el luser-.

Por cierto, en la inauguración del otro día:

Hacía un chingo de frío, pero un chingo, como si fuera invierno en el pueblo. Aun así, fui, y a patín, soportando estoicamente el viento helado -bueno, estaba a quince minutos del lugar jijijij- pero neta que el frío me mata. La única vez que decido ir a patín y los estúpidos zapatos que empiezan a lastimarme, así que los quince minutos de ida y quince de regreso fueron una tortura. Y yo que siempre cargo mis curitas (los compro por caja de 8mil) y claro, la única vez que no llevo curitas y el zapato me hace ampolla por dar diez pasos.

Yo que quiero ser antisocial en el pueblo, pero como buen pueblo, estaba todomundo, y ai me tienen respondiendo saludos aquí y allá como si de veras. Me presentaron a más gente. Me salió una oferta de clases particulares gratis o bien colarme de oyente en las clases de fotografía que da un monito que estudió en la enap. Saqué fotos.

Todomundo va en fachas normales a sus actividades diarias, pero en las inauguraciones se ponen sus dizque mejores galas. Eso me deprime mucho. Mucho. Como si ir a una exposición fuera la octava maravilla. Yo, sin planearlo, hago al revés. Me gusta arreglarme casi todos los días -excepto los que, por las razones de siempre, no quiero ni bañarme y no lo hago- y no cuando hay un pinche evento de esos.

Y luego, una monita que nos ve platicando, pla ti can do, o sea, cuando mucho nos hubiera dicho “hola” con un gesto, pero no, le valió madre y que le dice a su acompañante: “ven, que te presento a unas amigas”. Eso también me deprimió.  Nosotras ni de broma somos sus amigas. Yo para nada. Procuro ser amable con ella, pero nada que pueda dar a entender que somos “amigas”. Nunca le he contado nada, ni siquiera le he platicado nada. Me limito a fingir que escucho las pendejadas -literal, no es mamada- que luego viene y me dice. Y ahora resulta que somos “amigas”.  Fue como “a ver espérate, ¿no vivimos en la misma línea del tiempo, verdad? ” Porque me preocupa de veras esta percepción que puede tener la gente, me preocupa que pueda estar yo loca de manicomio, no loca clamufageada nomás. Y me preocupa la ligereza con que usan las palabras. Y me preocupa que de verdad piense que soy su amiga. ¿Y entonces qué carajos significa “amigos”? En mi planeta no significa lo que tengo con esta mona. Porque en mi planeta, a pesar de ser una ostra -antes más mucho más que ahora- he tenido amigos así de toda la vida, que les cuentas todo, que te conocen y viceversa, que te escuchan y los escuchas, que cuando estás con ellos no te sientes solo, o sí, pero acompañado, que puedes confiar en ellos, y que saben tus secretos más sórdidos. En mi planeta eso es ser amigos.

Voy porque me invitan. Y no todas las veces que me invitan voy. Y se me hace mala onda dar excusas todo el tiempo. Y a veces las personas que me invitan sí me quieren y me aprecian y entonces tengo que ir. Pero en general no me gusta asistir a eventos de apertura y presentaciones y la manga del muerto. Y creo que no me gusta porque toda esa dinámica de saludar y ser saludado y “platicar” y blablabla me hace sentir muy sola. Muy sola. Y luego me siento peor porque “pero si te la pasaste bien, y mediomundo te habló y blablabla” pero yo me siento sola. Es como si me hundiera más y más en un torbellino de soledad en medio de la gente. Y si no me hablan, pues también. Y no entiendo nada.  Y no quiero pensar si está bien o está mal. No quiero pensar. Y no quiero sentir tampoco. Quisiera estar y ya. Y poder decir también: “ay, fui a una presentación y me encontré a muchos amigos,  con quienes platiqué y me presentaron a sus otros amigos”. Ay no, mejor no.

Y luego estaba un monito que había visto hace poco en el df. ¿Qué diablos hacía en el pueblo? Y no puedo estarlo confundiendo porque tiene un físico inconfundible, único e irrepetible. Y si es el mismo monito, pues ya no voy a poder escribir a gusto en mi blog. A menos que yo niegue ser yo. Y eso aumentó mi tristeza y confusión. Aunque hay otra opción: que me valga madre.

Y he tomado muchas fotos. Ahora que el centro del pueblo es zona de guerra porque van a poner los cables bajo tierra y no sé qué más,  aproveché que el otro día no estuvo nublado para salir a hacer mi fotoreportajeartísticomegaoriginal de los monitos obrer0s albañiles. Primero, los preparativos: sandalias comodísimas -aunque mis mugres patas, con cualquier zapato, después de 15 minutos me empiezan a doler horrible-, lentísimos para el sol, protector solar del 100 en cara, brazos y manos y aun así terminé insolada, odio odio odio el sol. Cámara, y mucho valor por aquello de que la gente no se me da y qué pena. Arriesgué mi integridad física, emocional, mental y anexas, pero todo sea en nombre del arrrrrte: los monitos se sacaban de onda cuando los fotografiaba, pero en cuanto me daba la vuelta empezaban a chiflarme y decirme guarrada y media; otros posaron para mí, otros me preguntaron que qué onda, otros empezaban a hacer payasadas entre ellos y volvían a decirme guarradas. Pero bien, me gustó (tomar fotos, no que me dijeran de cosas).  Al fin y al cabo me caen bien y resultaron inofensivos, simpáticos y hasta tiernos. De las 8mil fotos, a lo mejor salen unas diez que valgan la pena.

Y en una semana he leído tres libros, una hazaña si tomamos en cuenta que ya no leía habitualmente. Fueron libros “chiquitos”: Momo, Ensayos y Perfiles; y Sin sangre, de Baricco. Éste de Baricco lo terminé en menos de hora y media, está impresionante. Cómo el maldito de B. puede hablar sobre el Mal de la manera más horripilante del mundo, en una parábola, en un no tiempo y no espacio, y de todos modos hacerlo de forma bella y poética.

Pero independientemente de que que haya leído tal o cual libro, lo que me sorprende es que noto que tengo ánimos de leer, de pronto vuelve a ser fácil de nuevo, de esas veces que cuando abres el libro éste te llama, te recibe, te acoge; en vez de ser algo tormentoso, tedioso o deprimente. Quiero aprovechar este mood para retomar mis lecturas -las que debo y las que deseo desde hace tiempo ya, maldita sea- porque pueque me vuelva a dar el bajón de nuevo.

Y he visto películas en mi casa. Prefiero mil veces el cine, pero  al estúpido pueblo no ha llegado ninguna película decente, así que ni modos, hice mi super pedido a mi díler de confianza y me aplasto en mi sala a verlas, con la ventaja de que en la intimidad de mi guarida puedo llorar todo lo que quiera, porque en un cine, pueden matar a la mamá de bambi y yo de una pieza, me aguanto. La loquera de hace años, buenísima por cierto, una vez me preguntó que por qué no lloraba en público. No supe contestarle. Me dio opciones: “¿te da pena, te parece naco, te da miedo, blablabla?” No supe contestarle, y a la fecha sigo sin saberlo, pero es la triste realidad.  En varias ocasiones hasta me ha querido dar el patatús de que me quedo con el llanto atravesado en pecho y garganta, me he sentido remal físicamente por no haberme desahogado, pero de veritas que no puedo hacerlo allá afuera. Cuando salió la película pitera esa con Björk que no-recuerdo-en-este-momento-cómo-se-llama-pero-es-súper-famosa-y-a-todomundo-le-gustó en donde hace a una mona casi ciega que le pasan todas las dizque desgracias del mundo, fui a verla porque todomundo se vino con esa mugre, mi mejor amigo me dijo “no, tienes que verla, y se te va a hacer el corazón pasita” y la manga del muerto. Y me dije, no, pues le voy a dar mi voto de confianza a todomundo, y sobre todo a mi amiguis, y que voy a verla. Error. Primera y última vez que confié en todomundo. Y mi amiguis sabía de cine y de literatura lo que yo sé de física cuántica. Ash ya me acordé: Bailando en la oscuridad se llama la porquería. Cuando la vi estaba enfermísima de la gripa y así y todo salí de mi casa porque no me podía perder la película del siglo. Me puse peor de ver semejante bodrio, sus dizque desgracias nada conmovedoras, predecible, actuación chafa, musicales asquerosos, nonoonono, yo no sé qué carajos le vieron. Y todomundo en el cine llorando así bien violentamente, sonándose los mocos a todo volumen. Lo malo es que yo también estuve con mi escándalo de los mocos, pero por la pinche gripe.

Por cierto, vi Precious y sí está de miedo y sí que sufre la pobre. O sea, si no fuera por su agilidad, su mamá la hubiera asesinado dos que tres veces, con todo y bebé. Y mira que yo leí todo lo disponible de Salgari -los únicos libros que leí en Sepan cuántos… porque eran los únicos que tenían casi todos los de Salgari- de niña y, aunque está muy padre leer sobre piratas y la doncella que se enamora del marinero y los viajes y el mar y las bayaderas y el triufo del bueno y blablabla, en todos sus libros hay guerras y peleas, y sangre y asesinatos y venenos y miedo. Y en sus libros sobre China, innumerables descripciones detalladas de las torturas: los casi mataban de sed y después les daba agua con un embudo hasta que les estallaba el estómago, la gota de agua en la cabeza hasta que se las taladraba, el chile y demas sustancias por boca, nariz y ojos, aparatos de todo tipo para inflingir dolor; bueno, no acabaría de nombrarlas. El caso es que desde pequeña supe de lo que somos capaces, pero neta que vi Precious y ¿qué pedo con su mamá? sí estaba yo con cara de no puedo creerlo. Descubrí que todavía tengo capacidad de asombro.

Y ya me cansé. Luego le continúo.

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4 respuestas a Recuento que al parecer a nadie le interesa pero por eso te lo digo a ti

  1. Lear dijo:

    Uf, éste sí que estuvo intenso. A ver, sobre lo de escuchar. Si alguien te presente como su “amiga” y no lo eres, lo más probable es que la pobre esté más sola que una ostra. No le tengas rabia, ténle compasión, lo que no siginfica que seas amable con ella, pero sí que no hagas berrinches luego.

    Sobre el tipo que conoces yo voto por la opción de que te valga madre. Con él y con todos.

    Si yo tuviera una psicóloga que pronunciara la palabra “naco”, nunca más la volvería a ver. Pero allí ya estoy hablando de mis patologías.

    Precious no la vi, y no la pienso ver, a menos que sea por accidente. Me deprime todo con respecto a ella. Me deprime la posibilidad de que pueda ser buena pelícua. Me deprime la cultura de la moraleja, aunque no sé si la tenga. Me deprimern las historias tristes con final feliz, aunque no sé si lo tenga. Me deprime.

  2. Becca dijo:

    Lear: pues de la monita, hasta me salió otro post. Sobre el tipo, independientemente de que también voto por lo mismo, la desesperación me gana, y necesito desahogarme en mi querido blog.
    Sobre “naco”, por favor no entremos en discusión acerca de esta palabra maldita, que correrá sangre, (la mía, por supuesto, porque yo uso la palabra cada dos por tres, y aquí también gracias a mis patologías pero no me importa) Y era una psicoanalista buenísima que tuve que dejar porque me vine al pueblo, y la usó así como para ayudarme a contestar: “si te parece “naco”, dílo, que no te voy a juzgar”.
    Y qué risa con lo de Precious, me carcajeo con “me deprime la posibilidad de que pueda ser buena película”, frase monumental la tuya, y terminante. ¿Ya pa qué te digo que no tiene moraleja explícita, o que tampoco tiene final feliz? NOnoono, amé tu frase, jajaja. Pero sí, nadie se va a morir si no ve Precious. En cambio, si no ve Rashomon, morirá en medio de los más terribles sufrimientos.

  3. Ross dijo:

    Becca, no es que no hayan llegado buenas pelis a tu pueblo, esque no hay buenas pelis en ningún pueblo. Yo que desde hace rato tengo ganas de ir al cine, y el cine que no se deja. La nana magica, ada por accidente, entrenado al dragon, bla bla bla. nada que valga los $50.

  4. Becca dijo:

    Sí, algo hay de eso, pero tampoco tienes mucho de dónde elegir si las opciones que hay son siete cines en todo el pueblo; contra la inmensidad de oferta del defe

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