Dado que la violencia reaparece en cada época bajo formas distintas, hay que reanudar permanentemente la lucha contra ella. Stefan Zweig, Consciencie contre violence

A raíz de la entradas anteriores, me puse a leer al respecto. Y es algo que todos deberíamos saber, por lo que dice Sweig en el título, porque todos podemos estar expuestos, porque el perverso puede ser el padre, la madre, el novio, el esposo, el jefe.

A continuación pongo enorme cita del libro que leí, por poco lo pongo todo pero es que no saben, deberían leerlo.

Para comprender un poco el mundo, el bien, el mal, en fin, lo humano.

Una palabra a tiempo puede matar o humillar sin que uno se manche las manos. Una de las grandes alegrías de la vida es humillar a nuestros semejantes.

Pierre Desproges

En el ámbito empresarial, la violencia y el acoso nacen del encuentro entre al ansia de poder y la perversidad. Por acoso en el lugar de trabajo hay que entender cualquier manifestación de una conducta abusiva y, especialmente, los comportamientos, palabras, actos, gestos y escritos que puedan atentar contra la personalidad, la dignidad o la integridad física o psíquica de un individuo, o que puedan poner en peligro su empleo, o degradar el clima de trabajo.

Aunque el acoso en el trabajo sea un fenómeno tan viejo como el mismo trabajo, hasta principios de la década de los noventa no se lo ha identificado como un fenómeno que no sólo destruye el ambiente de trabajo y disminuye la productividad, sino que también favorece el absentismo, ya que produce desgaste psicológico.

El acoso nace de forma anodina y se propaga insidiosamente. Al principio las personas acosadas no quieren sentirse ofendidas y no se toman en serio las indirectas y las vejaciones. Luego, los ataques se multiplican. Durante un largo período y con regularidad, la víctima es acorralada, se la coloca en una posición de inferioridad y se la somete a maniobras hostiles y degradantes.

Uno no se muere directamente de recibir todas esas agresiones, pero sí pierde una parte de sí mismo. Cada tarde, uno vuelve a casa desgastado, humillado y hundido. Resulta difícil recuperarse.

Cuando el acoso aparece, es como si arrancara una máquina que puede machacarlo todo. Se trata de un fenómeno terrorífico porque es inhumano. NO conoce los estados de ánimo ni la piedad. Los compañeros de trabajo, por bajeza, por egoísmo o por miedo, prefieren mantenerse al margen. Cuando una interacción asimétrica y destructiva de este tipo arranca entre dos personas, lo único que hace es amplificarse progresivamente, a menos que una persona exterior intervenga enérgicamente. Una situación de crisis puede sin duda estimular a un individuo y conducirlo a dar lo mejor de sí mismo para encontrar soluciones, pero una situación de violencia perversa tiende a anestesiar a la víctima, que, a partir de ese momento, sólo muestra lo peor de sí misma.

Se trata de un fenómeno circular. Una serie de comportamientos deliberados del agresor está destinada a desencadenar la ansiedad de la víctima, lo que provoca en ella una actitud defensiva, que, a su vez, genera nuevas agresiones. Tras un determinado tiempo de evolución del conflicto, se producen fenómenos de fobia recíproca: la visión de la persona odiada provoca una rabia fría del agresor; la visión del perseguidor desencadena el miedo de la víctima. Se trata de reflejos condicionados, uno agresivo y el otro defensivo. El miedo conduce a la víctima a comportarse patológicamente, algo que el agresor utilizará más adelante como una coartada para justificar retroactivamente su agresión.

Cuando el proceso de acoso se instaura, la víctima es estigmatizada: se dice que el trato con ella es difícil, que tiene mal carácter, o que está loca. Se considera que su personalidad es la responsable de las consecuencias del conflicto, y la gente olvida cómo era antes o cómo es en otro contexto. Una vez que a la víctima se la saca de sus casillas, no es extraño que se convierta en lo que pretenden convertirla. Una persona acosada no puede rendir al máximo de sus posibilidades.

Manibras perversas: rechazar la comunicación directa, descalificar, desacreditar, mentir, utilizar el sarcasmo, la burla, el desprecio, utilizar la paradoja, las novatadas, acoso sexual, inducir a error.

El objetivo de un individuo perverso es acceder al poder o mantenerse en él -para lo cual utiliza cualquier medio-, o bien ocultar su propia incompetencia. Para ello, necesita desembarazarse de todo aquel que pueda significar un obstáculo para su ascensión, y de todo aquel que pueda ver con demasiada lucidez sus modos de obrar. No se contenta con atacar a alguien frágil, como ocurre en el caso del abuso de poder, sino que crea la misma fragilidad a fin de impedir que el otro pueda defenderse.

El miedo genera conductas de obediencia, cuando no de sumisión, en la persona atacada, pero también en los compañeros que dejan hacer y que no quieren fijarse en lo que ocurre a su alrededor. Es el reino del individualismo y del “allá se las componga cada cual”. Los compañeros temen que, al mostrarse solidarios, se los estigmatice, y tienen miedo de que se los incluye en la próxima lista de despidos. En una empresa, no hay que producir oleaje. Hay que tener el espíritu de la casa y no mostrarse muy diferente.

Un perverso actúa con más facilidad en una empresa desorganizada, mal estructurada, o “deprimida”. Le basta con encontrar la brecha por la que penetrará para satisfacer su deseo de poder.

La técnica es siempre idéntica: se utiliza la debilidad del otro y se lo conduce a dudar de sí mismo con el fin de anular sus defensas. Mediante un proceso insidioso de descalificación, la víctima pierde progresivamente su confianza en sí misma y, a veces, está tan confundida que le puede dar la razón a su agresor: “¡Soy una nulidad, no llego, no estoy a la altura!”. Por lo tanto, la destrucción se lleva a cabo de un modo extremadamente sutil, hasta que la víctima comete errores ella sola.

Cuando la víctima reacciona e intenta rebelarse, la maldad latente cede su lugar a una hostilidad declarada. Se inicia entonces una fase de destrucción moral que se ha llegado a denominar psicoterror. A partir de ese momento, todos los medios son buenos para derribar a la persona en cuestión, inclusive la violencia física. Esto puede provocar una anulación psíquica de la víctima, o su suicidio.

DEFORMAR EL LENGUAJE

El mensaje de un perverso es voluntariamente vago e impreciso y genera confusión. Luego, elude cualquier reproche diciendo simplemente: “Yo nunca he dicho esto”. Al utilizar alusiones, transmite mensajes sin comprometerse.

Como sus declaraciones no responden a una relación lógica, puede sostener a la vez varios discursos contradictorios.

También se abstiene de terminar sus frases. Los puntos suspensivos son una puerta abierta a todas las interpretaciones y a todo tipo de malentendidos. Envía asimismo mensajes oscuros que luego se niega a esclarecer.

La mentira del perverso responde simplemente a una necesidad de ignorar lo que va en contra de su interés narcisista. Ésta es la razón de que los perversos envuelven su historia con un gran halo de misterio; no hace falta que digan nada para producir una creencia en sus interlocutores: se trata de ocultar para mostrar sin decir.

Las víctima parecen ingenuas y crédulas. Como no se pueden imaginar que el otro es básicamente destructor, intentan encontrar explicaciones lógicas y procuran deshacer los entuertos. Al que no es perverso le resulta imposible imaginar de entrada tanta manipulación y tanta malevolencia.

Para desmarcarse de su agresor, las víctimas intentan ser transparentes y justificarse. Cuando una persona transparente se abre a alguien desconfiado, es probable que el desconfiado tome el poder. Todas las llaves que las víctimas ofrecen de este modo a sus agresores no hacen más que aumentar el desprecio de estos últimos. Están convencidas de que, mediante el diálogo, van a encontrar una solución, cuando esto es precisamente lo que le permite al perverso -que rechaza cualquier tipo de diálogo- hacerlas fracasar con total eficacia. Las víctimas alimentan la esperanza de que el otro cambiará, de que terminará por comprender que inflige un sufrimiento, y de que lo lamentará.

La manipulación funciona tanto mejor cuanto que el agresor es una persona que cuenta con la confianza de la víctima (se trata de su padre o de su madre, de su cónyuge, de su patrón, etc.)

Alice Miller ha desmostrado que una educación represiva -la que tiene el objetivo de “meter en cintura” a un niño “por su bien”- echa a perder su voluntad y lo obliga a reprimir sus sentimientos verdaderos, su creatividad, su sensibilidad y su capacidad de rebelarse. Según esta autora, este tipo de educación predispone a nuevas sumisiones, ya se trate de un sumisión a un individuo (perverso narcisista) o de una sumisión a un colectivo (secta o partido político totalitario).

Las víctimas comprenden, pero al mismo tiempo, “ven”. Poseen una gran lucidez que les permite nombrar la fragilidad y las debilidades de su agresor. Cuando las víctimas empiezan a nombrar lo que han comprendido, se vuelven peligrosas. Hay que usar el terror para hacerlas callar…

Marie-France Hirigoyen: El acoso moral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana, Paidós, 1999.

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Una respuesta a Dado que la violencia reaparece en cada época bajo formas distintas, hay que reanudar permanentemente la lucha contra ella. Stefan Zweig, Consciencie contre violence

  1. avalc dijo:

    UN CONSEJO MUY IMPORTANTE

    Me gustaría daros un consejo que no debéis olvidar. La persona que ha sufrido acoso, padece trastornos psicológicos cuya gravedad dependerá de la intensidad, del tiempo y de otras circunstancias. Podéis estar muy deprimidos, con sentimientos de vacío, desesperanza, pensar que no tiene solución y que os han “destrozado”. Pero recordar lo siguiente: Aunque os encontréis “hundidos”, no os han ganado.
    Solo os habrán derrotado si consiguen cambiar vuestra forma de ser, vuestra forma de pensar y logran que penséis y actuéis como ellos. Por ello, te recomiendo que NO CAMBIES TU PERSONALIDAD Y HABRAS SALIDO VICTORIOSO. Un buen comienzo para “luchar y ganar” es informarte y asesorarte.
    Josep P. psicólogo
    acosolaboralcat@hotmail.es
    AVALC http://www.avalc.es tf. 610902677- 662660486
    ASOCIACION DE VICTIMAS DE ACOSO LABORAL

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