Cristalazo y sordidez

En la esquina de mi casa, a unos metros de mi zaguán, le dieron cristalazo a mi coche. Fue horrible. Lo que nunca me pasó en el df, me pasa en el pueblo de diez casas, afuerita de mi hogar, qué horror. Y fue en un lapso de diez o quince minutos.

De por sí la única razón de peso por la que emigré de mi amado defe fue la inseguridad. En un periodo muy corto de tiempo me robaron un coche “pacíficamente”, simplemente desapareció del estacionamiento de la facultad; intentaron robarme otro muchos monitos a punta de pistola en plena avenida del taller, a las ocho de la noche, rodeada de automovilistas que, claro, no hicieron nada (yo tampoco hubiera). Huí de la delincuencia, que ciertamente es de niveles alarmantes en la gran urbe, pero estos dos últimos años, con la estúpida “guerra contra el narco”, la violencia ya se extendió por todo el país hasta en pueblos como el mío. Y ahora que estoy plenamente integrada a la sociedá pueblerina a través de mi gran trabajo institucional me voy enterando de que el pueblo es guarida y centro de operaciones de los zetas. Escucho historias de terror de primera mano que nunca salen en el periódico.

Precisamente en la colonia donde está mi trabajo hay muchos hongos establecidos, y hemos sido testigos de operativos con soldados y helicópteros para entrar a casas de seguridad y liberar secuestrados. Es común ver por toda la “ciudad” monitos de la afi con pasamontañas y todo el arsenal dando rondines en motos de esas con llantas enormes. Las camionetas que también hacen rondines todo el tiempo están equipadas con un tripié y metralletas. Eso no me infunde seguridad ni mucho menos, no sé a quién temerle más, la diferencia –y eso a veces- es el mugroso uniforme.

Con todo y eso gozaba de un sentimiento de confianza que nunca puedes tener en el defe, cuando ya es estado natural salir (o incluso en tu propia casa, a piedra y lodo, claro) con todos los sentidos alerta, sobre todo si eres mujer. Aquí creía que las posibilidades de peligro eran infinitamente menores, las medidas eran más de previsión que de real amenaza, muchos vecinos dejan coches últimos modelos en la calle durante toda la noche, nosotros como buenos paranoicos citadinos nunca lo hicimos. Ya me estaba acostumbrando a relajar mis sentidos, andar despreocupadamente por la calle, cuidándome sólo de los acosos masculinos que sobrepasan a los capitalinos, la hora no era impedimento para salir, llegué a olvidar cerrar el coche cuando iba a la tienda por cinco minutos; o depositaba las bolsas de la basura en la esquina sin cerrar la puerta de la casa.

Ya no más, que ahora dicho sentimiento ha desaparecido. Gracias por robarme mi tranquilidad, maldito muerto de hambre ojalá te pudras retorciéndote entre los más atroces sufrimientos.

Total, rompieron un cristal trasero y se llevaron mi bolsa preciosa bordada que había escondido debajo del asiento. No llevaba dinero ni identificaciones, sólo fue el celular, mi usb y cosméticos. En cambio, adelante estaban escondidas muchas cosas valiosas: mi cartera con identificaciones y tarjetas, un tenatito con varios aretes de oro, papeles valiosos para mí, dinero en la cajita del coche, mis lentes careeeeeeesimos –los de sol y los de leer-etc. Mi coche es un soberano muladar por dentro, cargo madre y media que ni yo misma sé y que aviento debajo de los asientos (papeles, dinero tirado, cosas del trabajo, zapatos, accesorios, libros, topers, bolsas, chamarras y un largo etcétera) al grado de que cuando lo llevo a lavar pido que sea solamente por fuera, porque si me robaran algo ni cuenta me daría. Hasta suerte tuve porque el idiota no le atinó. Fue más engorroso encontrar dónde le repusieran el cristal y tramitar lo del seguro y blablabla.

Pero eso no fue lo peor. Como buena ciudadana acudí con mi esposo a presentar la denuncia. Bueno, no sé qué tiene que ver con ser buena ciudadana, pero en los medios siempre sueltan el discurso de “denuncia, acude al mp por mucho que sea pérdida de tiempo, es tu responsabilidad cívica, luego por eso cuando los atrapan no pueden hacerles nada, blablabla”.

El caso es que ahí voy y en la puerta un montón de monitos armados hasta los dientes no nos dejan pasar que porque están atendiendo un caso muy feo, espinoso y peligroso (¿no te digo? Hace tres años podías pasar como si nada…), que si queremos regresemos en tres horas. A las once de la noche regresamos y ya que entramos (retenes de por medio y dejar identificaciones) el idiota me dice “uy no, ¿para qué quieres denunciar? Eso pasa todo el tiempo y no te sirve de nada…” Contra su voluntad levantó la denuncia, con cara de hastío infinito y nos mandó a otra sede lejísimos a que hicieran el informe pericial. Para entonces ya era como a la una de la mañana y allá fuimos a unas instalaciones rarísimas, en medio de una lluvia pertinaz.

Entramos, subimos escaleras y caminamos por pasillos laberínticos hasta una amplia ventanilla. Había tiradas bolsas de plástico transparente con ropa ensangrentada y objetos varios y qué miedo ya me arrepentí se siente una vibra bien fea qué necesidad de estar en estos rollos. Tocamos varias veces y nadie acudía y… no mames, Becca, que advertimos unos ruidos de que adentro estaban tirando… no mames no mames no mames, de eso ya tiene más de un mes y aun se me enchina la piel al recordarlo. Es lo más sórdido que he escuchado en mi vida. Lo que más se oía eran los gemidos de la monita, no mames no mames no mames qué asco. El pinche escenario, la hora, el ambiente… Nos vimos con cara de wtf y ¿estamos oyendo bien? ¿No será la tele? No, la tele sí está prendida como que en un noticiario pero por encima se oyen los malditos gemidos no mames no mames. Seguimos tocando y de otro lado sale otro monito todo dormido, nos pregunta y atrás los gemidos. Dice: “sí, dejen voy por la cámara”. Entra por unos minutos a otro cuartito. Mientras, los gemidos cesan y surgen varias voces de hombres “qué onda güey” y güey por acá, güey por allá, y jajaja, groserías y pásame el refresco y no mames.

Era un solo cuarto con luz prendida y mi mentecita dice no mames qué onda así o más sórdido el asunto. ¿No estaban tirando a solas? ¿Todos se la estaban tirando al mismo tiempo? (porque se escuchaba una sola monita). O peor aun, eran uno y uno y los demás estaban muy a gusto viendo la televisión, o miraban el espectáculo, o ya ni les llamaba la atención, o miraban y se masturbaban, o lo hicieron por turnos, o…? Y luego no era una puta, porque total, ellas acuden a donde las soliciten y pus es su chamba y no, no era una profesional, al menos. Era una monita de ahí mismo, porque terminó y empezó a decir “estos papeles qué onda y el trabajo y blablabla”.

Es un lugar público, los monitos en servicio, el escenario espantoso, lucían como los clásicos empleados muertos de hambre patibularios. Fue sórdido y perverso, no mames, fue algo espantoso de presenciar, sólo sé que el sexo, con amor o sin él, en sus infinitas prácticas y variedades, algo tiene que ver con la dignidad, y que se vayan a un pinche motel.

p.d. 1 La monita también estaba espantosa, no mames.

p.d. 2 Nos enteramos de que nuestra colonia está entre las top 3 en robos de coche y cristalazos, por estar plagada de oficinas y negocios. Que ahora la moda no es romper el cristal, sino abrir la puerta entera doblándola con una ganzúa, echándola a perder por completo.

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6 respuestas a Cristalazo y sordidez

  1. Que horror, que horror, no se que más decir.

  2. lear.04 dijo:

    Madres, en cuanto un baja la guardia, Madres. Qué pena, caramba y que desafortunada escena la de la denuncia, que incluso me parece mucho peor que lo del robo, porque si lo otro funcionara… Es un jodido círculo vicioso que se lleva a la gente entre las patas…

  3. Ross dijo:

    Ay caray, pero que cosas tan feas… hiciste que me lo imaginara, no, que horror.

    Hace tiempo se robaron la bicicleta de mi papá (que allá en el rancho pos el trabajo le queda cerca y se iba en bici) de la propia casa. O sea el robo fue en cuestion de 20 minutos.

    En mi rancho la policia está a 2 cuadras de la casa así que fuimos a denunciar, y luego que traiga copia de esto y de lo otro y de aquello. Y ahi vamos otra vez y que no, que por ser robo de inmueble tiene que hacer la denuncia allá en quien sabe donde…retelejos.

    A la fregada, no fuimos, pos total nomás era una bici y que bueno que no fuimos, no me hubiera gustado toparme con la misma escena que platicas y con mi padre a un lado =S

  4. herr Boigen dijo:

    OMG esta anécdota me dejó de color amarillo. Lo de la anécdota de la cogidota en el MP me dejó no sé si asqueado o fascinado. Definitivamente México es un país de locos.

  5. Becca dijo:

    Nahuatl: sí, fue horrible, como dicen. Saludos.

    Lear, Ross y Boigen: Finalmente tenía razón el primer mugre monito: no hubiera hecho ninguna denuncia, que ya comprobé que ni sirvió de nada y nomás salí toda traumada con la horrible escena.

    Herr Boigen: qué gusto que te hayas dado una vuelta por este esquizofrénico y patético blog.

  6. herr Boigen dijo:

    El gusto es mío xD

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