Al profe con todo mi amor

“Te quiero te extraño te amo mi cuerpo se estremece nomás de verte. No duermo, te imagino, te sueño, te añoro. Sé que está mal, que lo nuestro es imposible, que no puede ser, pero no puedo evitarlo. Y ni siquiera sabes de mi existencia y no sé qué hacer, y sólo vivo para verte. Mi cuerpo se consume…” y no sé cuántas sandeces más. Bueno, sí:

“Tu cuerpo tu sabiduría tu aura eres místico profundo, en el aire las compones, la persona más culta que he conocido, tus ojos, tu físico adorable tu voz tu andar tu respirar. Te vi y te saludé, cómo disfruto esos momentos en que estoy cerca de ti, lo son todo en mi vida…”

Páginas y páginas llenas con semejante discurso. Sí, la autora es una adolescente (o ni tanto: diecinueve años, pero como tal se expresa). El sentimiento es tal que le ha inspirado poemas, canciones, cartitas, arranques místicos.  Va a decidir su vida académica siguiendo el ejemplo del objeto de su amor. Aunque digamos que su inocencia y sinceridad la salva. Hasta cae bien, inspira ternura tanta pasión.

¿Y la causa de tanto revuelo? Claro, su maestro de filosofía. Apuesto a que el monito está disfrutando como nunca de esta etapa docente. ¿¡”Tu cuerpo tu físico…” ?! El monito en cuestión mide como 1.50 a lo mucho (y luego el complejo de Napoléon que tienen los chaparros), ha de pesar 30 kilos, su cara es… digamos, peculiar. Vuelvo a apostar a que nunca en la vida había despertado semejantes pasiones en igualdad de condiciones hasta que la suerte lo colocó en situación de generar transferencias dignas de un culebrón televiso.

Puede que escriba yo desde la ardidez de haber dejado hace muuuuucho esos tiempos en que una de chiquilla suspira por el profe; pero no, o sí, pero esa es otra historia. En primer lugar, efectivamente era yo un renacuajo, no una grandulona de 19 comportándome como mocosa. Es básico, cuando eres niñ@, soñar con el profe guapo de la escuela y risitas y cuchicheos y sonrojos.

Y en segundo lugar, pus sí eran guapos y no remedos de quién sabe qué. El profe de taller de electricidad en la secu, jojoojjo, lo recuerdo y sí estaba bien guapo, y bien instaladote en su papel: en el recreo se quedaba en medio del patio así nomás cual monumento, posando descaradamente, !con la camisa desabotonada de arriba! y sus lentes oscuros y pasándose los dedos por su sedoso cabello al tiempo que movía la cabeza como si estuviera en un comercial de shampoo, disfrutando de las miradas de las niñitas.

Qué envidia no ser hombre para tener esa oportunidad. No importa cuán feo seas, estúpido, maloliente, arrogante, ignorante, viejo, flaco, gordo. Tienes a una bola de pubertas y jóvenes, de carnes firmes y apetitosas, inexpertas y/o vírgenes, que piensan que eres la octava maravilla.

Pero a los diecinueve como que ya es otra etapa, digo yo. Más que suspiritos candinescos debería tener sueños mojados, de menos. En mi pueblo las de esa edad ya no se quedaban con las ganas, excepto yo (más ardidez, gulp).

Como para darle un par de cachetadones: ¿estás ciega o qué? ¿ya lo viste de verdad o tenemos un caso de extrema miopía?

Pero veámoslo del lado positivo y romántico: las letras siguen teniendo el poder mágico de la seducción.

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