Me siento bien pero me siento mal

Mis compañeritos me hacen sentir todavía más culpable, y por las cosas más nimias, irrelevantes y sobre todo imaginarias. De por sí la culpa judeocristiana y el cuerpo y qué miedo sentirme bien y anexas la traigo bien arraigada en mi adn. Y ahora por su culpa he añadido la paranoia ante la maldita pregunta fundamental que a cada rato me hacen: ¿CUÁNTO TE COSTÓ? Todo  lo que tenga que ver con dinero, cuánto, cómo lo pagas, dónde vives, etc etc etc.

Puta madre, una pregunta tan inocente y que a veces es totalmente pertinente, ahora ya es motivo de alarmita con foquito rojo y toda la cosa en mi cabecita.

O sea, no mamen, me hacen sentir como marciana de la galaxia más lejana. Todavía fuera yo una rica millonaria dices, bueno, pobres, con razón quedan impactados por mis posesiones de oro y diamantes. Pero para nada, todo lo contrario. Lo ÚNICO que me diferencia de ellos, incluyendo al jefe, es que YO NO VIVO AL DÍA NI ESTOY ENDEUDADA con todas las casas de crédito del mugroso pueblo y los agiotistas particulares y las tarjetas y las cajas de ahorro y la señora de los dulces y la señora de la comida y la lista interminable.

Y no lo estoy no porque gane más (exceptuando el jefe). Gano lo mismo que muchos de ellos (y nuestro pueblo está en el último lugar en el tabulador de sueldos del país…), pero no gasto más de lo que gano, pendejos. No sé cuál sea la pinche ciencia de administrar las entradas, además teniendo la grandiosa ventaja de gozar de un sueldo (poco o mucho) fijo, cada quincena no falla.

Total que, bueno, con lo de la administración monetaria y las pendejadas que cometen al respecto ahi luego me desahogo en otro post, pero el caso que todos los días pasa algo así:

-Pido una ensalada riquísima, enorme, higiénica y blablabla. Inocentemente me dirijo al pseudocomedor, una monita me ve y –óooorale, se ve bien rica-. Y viene el interrogatorio: ¿la hiciste? ¿la compraste? ¿la pediste? ¿dónde? ¿cuánto te costó? -35 pesos. –Exclamación, ojos y jeta de sorpresa mayúscula, de modo que me doy cuenta de que el precio resulta exorbitante y debí haber mentido y dicho que diez pesos. Ah, y que en pagos quincenales.

-Orita vengo, voy al dentista. -¿a dónde? – En “poneraquílazonamásnaisdelpueblo”. -¡aaaaaaaaaayyy, óoooorale!- al tiempo que me barren con la vista con envidia y desdén infinitos. Vuelvo a darme cuenta de que debí haber mentido y dicho un consultorio patito en colonia equis.

Pobres, no quiero ni imaginarme la cara que pondrían de saber cúanto me está costando el chistecito. PERO ESTE PRECISAMENTE ES EL PROBLEMA: por su culpa empiezo a considerar todo bajo su óptica (su de ellos) el precio de muchas cosas que pago y digo: “no mames, es una fortuna, qué horror, debo callar este secreto tan espantoso y monstruoso”.

Es como los libros. Es un hecho que me gusta leer, no es presunción ni nada, y cualquiera aceptaría que todomundo debiera leer habitualmente. Y pues entonces compro libros (al igual que muchos monitos que de seguro se sienten muy orgullosos de hacerlo y ni se fijan en que lo hacen). Y los libros cuestan equis cantidad, yo lo sé y es lo más normal del mundo. Sí, puedo reconocer que la mayoría de los buenos libros están en equis editoriales y cuestan de 300 pesos para arriba en promedio (Herder, Acantilado, Siruela, Trotta, etcétera). Y pues ya, ¿no? PUES AHORA GRACIAS A MIS MALDITOS COMPAÑERITOS EMPIEZO A SENTIRME CULPABLE Y AVERGONZADA. ¿Es pecado mortal comprar dos libros que cuestan 750 pesos cada uno? (ver post anterior de -los-últimos-libros-que-compré-me-da-hueva-poner-la-liga y de-seguro-ya-me-tardé-más-en-poner-esto-que-si-hubiera-puesto-la-liga).

Claro, yo sería feliz si los libros costaran 10 pesos, pero no es así, lástima. y pues los compras. O no y te vas a aplastar las horas en los silloncitos de las librerías hasta que los terminas.

-El otro día una compañerita vio la etiqueta del precio de un libro que andaba por ahí: -¡NO MANCHES! ¿ya viste cuánto cuesta? ¡CUATROCIENTOS PESOS! ¿PUES QUÉ HACE O QUÉ?-. Bueno, yo creo que le dio la diabetes por la impresión que desde entonces no ha superado. Por supuesto que nunca ha ido a una librería ni por equivocación.

-La cultísima monita que me da para muchas anécdotas, proclama su amoooor y devociónnnn por los libros y es la cultura personificada, tiene orgasmos intelectuales cuando ve un libro de Sepan cuántos, y de plano tiene orgasmos múltiples cuando dichos libros ¡están encuadernados! Me da muchísima vergüenza decirle: no,pues yo tengo tal libro en Edhasa, o en… no, pues es que cualquier edición decente es más cara que Sepan cuántos.

-“el otro día fuimos a… y se me ocurre ver los precios de las gafas de sol “de marca” y !qué impresión! Nononnono, ¿pues qué hacen? con eso pago dos rentas…” En ese momento estaba usando las mías y rogué a los dioses que no me fueran a interrogar al respecto. A mil por hora planeé la respuesta: “no cómo crees, éstas son chafitas”. No lo hicieron, yo creo que no se imaginaron que eran ese tipo de gafas, y menos que no tengo unas, ni dos, sino tres!, y que quiero otras…

-¿vamos al cine? O ¿vamos a comer? O ¿vamos a tomar un café? –Nooooooo, no tengo dinero, a ver si ora que llegue la quincena…

-¿quieres pedir una ensalada? Es que piden un mínimo para que las traigan hasta acá. –Uy, nooooo, es que ya se me acabó el dinero. (Y falta más de una semana para la próxima quincena, y gana lo mismo que yo, y no tiene hijos ni “poneraquílosmilesdepretextosquedicenparajustificarquenuncatienendinero”) Y me quedé sin ensalada.

Pero ya más o menos estoy entrenándome, de perdida ya sé decir con cara de inmensa congoja :” ay, no tengo dinero; híjole, ojalá nos paguen mañana; oye, cuándo crees que nos paguen; ¿en cúantos pagos?”. Y cuando todavía no rayamos: “ay no le hagas, qué voy a hacer pobre de mí nada más traigo dos pesos ni para el pasaje me alcanza”.

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5 respuestas a Me siento bien pero me siento mal

  1. Ross dijo:

    Estoy como tú Becca, fíjate que le batallé para comprarme mi carrito (ya tenía uno pero quería algo más nuevo), no me querían autorizar el crédito “porque no manejo tarjeta de crédito”… Osea, SI NO TENGO TARJETA DE CRÉDITO ES PORQUE NO LA NECESITO.

    Lo de hacerte la pobre ante la gente ya lo he intentado, pero que no me creen, es más hasta creen que soy rica jajajaja. Pero si es desesperante que siempre tengas una amiguita que nunca tenga ni un quinto, ni en quincena.

    Pero no te sientas mal, uno no tiene la culpa de que el resto del mundo se malgaste su dinero en quien sabe que.

    • Becca dijo:

      Supongo que tienes razón, Ross, pero de pronto Sabandija me dice: diosito te va a castigar por pensar así, Y qué tal que termino igual, no manches. Mejor no suelto la culpa tan fácilmente, jijijiji

  2. Lear dijo:

    Pero qué maravilla. En verdad me parece fascinante el poder y la presión que puede ejercer cierta manera de vivir y ciertos usos y costumbres en otros tan diferentes. Es como el traje del emperador, pero en ese planeta donde vives te ha tocado interpretar el papel del que no ve el traje…

    Sé que no malinterpretarás lo que digo, pero por si acaso me refiero a que en efecto es como el mundo al revés. Me dan tanta curiosidad las anécdotas de tu trabajo, que mejor ni saber dónde ni cuándo ni cómo y quedarme sólo con las historias.

    Saludos.

    • Becca dijo:

      Aaay, oyeeee, es que son mayoría apabullante, y así pus ya no es tan fácil…
      Y pues fíjate que estoy en un dilema con lo de las anécdotas. Realmente no he contado nada de todo lo que hay que contar, todos casos de antología; de verdad a veces pienso que en qué manicomio vine a caer, no te imaginas los anecdotones que tengo reprimidos (Probadita de UNO SOLO de sus rasgos: una ninfómana, uno con problemas psiquiátricos, otra en picada alcohólica), porque me da miedo que vaya yo a ser descubierta (y te lo digo aquí en vez de en corrreo, ijijiji).
      Creo que debí haber abierto un blog light público y otro restringido para poder explayarme, pero así qué chiste.
      NO sé, según yo este blog sigue siendo anónimo, aun cuando lo descubrieran, ni modo que se pongan el saco.
      Puro interés antropológico, compañeritos, no crean que es mala fe. Todo es ficción, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

      • Ross dijo:

        Yo por eso trato de no hablar de mis compañeros y de tanta gente que me encuentro en cada empresa que visito, si no, imagínate hasta demandada salgo jaja

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