Tacos y libros

Querido diario,

El otro día fuimos al defe a dar una vuelta nomás y recargar los pulmones de smog, que ya hacía falta. Tacos en El abanico, de las mejores taquerías de la urbe, en la colonia Tránsito. Los de cecina enchilada son deliciosos, y los de pastor, y los de bistec, y los de cecina normal, y enooooormes, y las multitudes abarrotamos el enorme local (cuatro mil kilos de carne en un día normal, dos mil en un día flojón!) y las banquetas. Y la eficiencia absoluta de los monitos taqueritos, llegas, te abres paso entre la multitud, pides tu orden y en dos segundos ya tienes tu plato lleno. Desmesura, rapidez, eficiencia, ricura, todo en un mismo lugar. Gracias, espero mi comisión.

Luego fuimos a la Rosario Castellanos, y logramos decidirnos. Dije: quiero leer algo decente, hace mucho que no leo algo clásico. Y tómala, que compramos una maravilla:

Memorias de ultratumba, de Chateaubriand, cuatro volúmenes, en Acantilado.

Sólo falta que lo lea, claro.

Y dije: y también debería leer algo de filosofía y anexas, que he echado mucho la flojera al respecto. Y tómala, que compramos:

Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, de Deleuze y Guattari, en Pre-textos.

Sólo falta que lo lea, claro. Y que le entienda…mmmh, dejémoslo en que lo lea. De El anti-edipo no paso de la primera página, qué se fumaban esos monitos…, pero la lucha se le hace…

En la noche, hamburguesas al carbón riquísimas enfrente de Plaza Tepeyac, una monstruosidad, de las primeras plazas al norte de la ciudad, que va desde calzada la villa hasta ¿congreso de la unión? No, una avenida antes, cuyo nombre no recuerdo.

Ah, las hamburguesas están en la esquina de mi calle (mi de mi alter blogueril):

Y ya, de ahí nos regresamos al pueblo.

Quiero decir que me gustan esas salidas con mi calabacita. Mi ratita y yo juntos, paseando, comiendo, platicando, en el coche, escuchando música, cantando y bailando la cabeza, “ése es un roooolóoon, ratita, todo un clásico ¿a poco no?”, yo cambiándole y cambiándole al radio cazando canciones en el dial “¡ya deja de cambiarle!”, ¿me quieres, ratita? ¿te acuerdas de esta calle, de cuando veníamos por acá, de cuando vinimos al cine, de cuando…? Y seguimos juntos, como el primer día, ratita.

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