¿Así o más deprimente? Y esto es tooooodos los días, con personajes diferentes

Estoy en una fiesta-reunión, por el cumpleaños de una monita. Hay varias compañeritas de trabajo. Son las 7 de la tarde, más o menos. Ya está oscuro, durante el día hizo calor, pero de pronto se suelta un tormentón apocalíptico (post atrasado, de cuando todavía hacía calor). La lluvia ya no se quitará sino hasta la madrugada, pero en ese momento no lo sabemos, así que aguardamos. Se va la luz durante una hora en todo el pueblo, si alguien pensaba irse, lástima.

Le hablan por el cel a una monita, ha de tener como cuarentaytantos, con cuatro hijos adolescentes. Es su esposo. Ella con su minivocecita: “sí, sí, sí ya voy, ya estoy en la combi, ya voy a llegar”. Son las ocho, llega la luz. Parten el pastel. Ocho y media. Y yo: “no manches, pues hasta dónde vivirá, ni que estuviéramos en el fin del mundo, así cualquier esposo se enoja, mínimo se angustia, no? O sea que aprenda a mentir.”

El resto de la velada (jojojo, “velada”) ya no me la puedo quitar de la cabeza, con la angustia de su mentira chafa. No puedo evitar estarla observando. Pobre, angustiadísima. Comemos hasta atascarnos, luego el pastel. Y ella: “ay, ya no puedo más, cómo hemos comido, pero ahorita tengo que llegar a cenar porque no saben que vine ni tengo permiso”.

Decidimos irnos, la monita se me pega, porque sigue lloviendo. Una tercera le dice: “si quieres te llevo hasta tu casa, para más comodidad”. La vocecita, alarmadísima: “¡Nooooo, hasta mi casa nooooo, es que tengo que mojarme, si no no me cree! Mejor que Sabandija me aviente por ahí cerca.”

En el coche suena y suena el cel. “Sí, es que llovió. Sí, es que mejor me esperé y preferí que Sabandija me llevara. Sí, me esperé en el trabajo. Sí, ahí espérame, sí”. O sea no mames, hasta a mí me dieron ganas de madreármela. Primero, por su pinche vocecita de miniratón. Segundo, por no saber mentir y hacerse bolas ella sola ¿en la combi hace dos horas y luego que se esperó en el trabajo y cómo se pasó de la combi a mi coche y qué diablos hacía yo en el trabajo si salgo desde las cuatro y…? Acaba con la paciencia de un santo! Le doy la razón a su saico esposo…

Pobre. De que hubo gritos, reclamos e insultos, los hubo. ¿Habrá habido golpes? Pobre. Pero como bien decía Lammoglia: se lo meeereeeceee, señora, ¡quédese con su masacote y no se queje!

Lo peor de todo es que ni se queja. Lo ve de lo más normal, como el 99.9999 de los matrimonios pueblerinos que he conocido.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Anécdotas y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s