Reporte del clima

Querida Becca,

en el pueblo hace un frío espantoso, como cada otoño invierno. Y encima el aire fortísimo y gélido que lo caracteriza, pues imagínate. Yo estoy con mi camiseta de abuelita, sueter de lana, abrigo gris largo con el que parezco oficial de la ss, botas largas. Y eso que todavía no llega lo bueno, cuando tengo que usar, además, gorro, guantes, bufanda y ropa interior térmica y aun así tiritamos.

Viviendo aquí, he descubierto que, del frío al calor, prefiero lo segundo. O mejor dicho, que odio más el frío que el calor. Además el frío me deprime, ver el día nublado, escuchar el silbido del viento, salir y que te corte la piel, caminar tiritando, encogiéndome y agachar la cabeza para proteger mi debilucha garganta. Mi cuerpo se estresa, se endurece como si eso proporcionara un escudo contra el clima, la manía de luchar las batallas perdidas, la manía de no aceptar.

De por sí soy de refugiarme a leer, a escribir, a divagar, a hacer zapping, a no hacer nada, a desvariar, a sentir el tiempo pasar, más zapping, a escucharme. Y con este clima, pues menos salgo. Podría pasar días y días enteros sin salir, de no ser porque debo hacerlo. Pero miro desde mis ventanas (mi casa está plagada de ventanas, muchas de ellas sin cortinas, se ve el panorama porque está sobre una avenida, a lo lejos los cerros del bosque cubiertos de neblina, el viento sin obstáculos baja implacable) no rastro de sol, escucho el viento gélido y no salgo no salgo. Como diría B.: preferiría no hacerlo. Y cuando lo hago, pues en el bendito coche, como buena pueblerina adoptada, que se me hace suicida caminar tres, cuatro, diez cuadras con semejante clima.

Hace meses que no hago ejercicio (el vibra gym no cuenta) y ya me siento cerdísima. URGE que empiece a hacer algo, pero hacer algo implicaría salir. ¿No podrían traer el gimnasio a mi casa, jijiji? Ya siento llantas donde no, ya me doy asco. Cerca de mi casa hay un parque (bueno, dos) a donde todo-mundo sale a hacer ejercicio y pasear a sus perros. Mi esposo sale dos horas en la mañana a horas indignas con los perros, y lo interrogo cual si fuera fenómeno friki: ¿y va mucha gente a esa hora? ¿hay mujeres? ¿viejitos?!!!!! ¡Pero si hace mucho frío!  Diario le pregunto lo mismo, y diario me contesta: hay mucha gente, mujeres, muchos viejitos y viejitas, no, no van forrados, muchos van en playera y bermudas, sí, hace un frío espantoso, pero corriendo ya se te quita, sí, algunos han de estar como tú de enclenques, así que llevan tapabocas o se enredan la bufanda sobre boca y nariz como terroristas.

Me imagino entrando a ese club de deportistas heroicos, pero pus no, me quedo en mi camita. Recuerdo a Charlotte corriendo en Central Park con un mugroso pants, si acaso chalequísimo encima y orejeras, exhalando vaho, su pielecilla rojilla del frío y… no, preferiría no hacerlo. Es más fácil que ir a un gimnasio, ya sea a spinnig, pilates, box, porque que cámbiate, que prepara tu mochilita con lo que vas a necesitar, que trasládate, que busca dónde estacionarte, que gasolina, que…pero no, qué horror el parque helado (nada más de estarlo escribiendo ya estoy sintiendo picazón en la garganta).

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