Como si nada hubiera pasado

Pensó que era fácil.

La mayoría lo hace sin ningún problema.

La mayoría lo hace sin pensarlo, con ganas de olvidar y fingir su propia desdicha, copulan furtiva y adúlteramente para alejarse del otro y de sí mismos, copulan para sentirse más solos cada vez. Ni siquiera saben por qué lo hacen, su vida se derrumba, ya no digamos sus matrimonios, ya no digamos su autoestima, ya no digamos su futuro. El amor y el sexo ya poco tienen que ver, ¿o sí? Pero es difícil detectar un cierto estado de cosas si éste siempre ha sido el mismo y sólo se ha aprendido a seguir cavando. Es otra forma de subdesarrollo, sobre todo del lado femenino: dejarse usar (y no hay rasgamiento de vestiduras, pero si al menos lo hicieran con conocimiento de causa…). Porque falta mucho todavía para que se pueda decir: “fulano y yo cogimos; ó yo cogí con fulano, ó mejor: me cojí a fulano”. No. Siempre ella es la zorra y él el donjuan.

El caso es que ella nunca lo había hecho ni le había apetecido, ni siquiera en sus años de juventud y de soltería y de universidad y es que estaba joven y pues hay que hacer locuras y disfrutar y el mundo se va a acabar. Por el párrafo anterior, o porque su temperamento es más bien…frío, porque no lo había necesitado, porque es autónoma y querida y complementada, porque para qué complicarse la vida estúpidamente, con lo que ella sola hace y deja de hacer basta y sobra. Es más, cotidianamente rechaza “ofertas”. Sí, podría antojársele; sí, x no está nada mal y se le adivina maestría en la cama y provoca cosquillitas cuando la saluda y roza su mano por su cintura; sí, le excita sentirse deseada y ver cómo la miran, sobre todo después de que continúa negándose.

De pronto, se presenta una oportunidad. Es seguro, sin peligros de indiscreción, sin riesgo de ser vistos y delatados y murmurados y burlados y atisbos y risas y morbo y comidilla que divierte y entretiene pero que a los cinco minutos se olvida.  Sin exponer tampoco su matrimonio, él la conoce de añísimos atrás y hay confianza y hay distancia geográfica y no quiere compromisos ni escándalos y le lleva muchos años, así que debe ser más maduro y centrado y equitativo el asunto. Parece simple y no problem. ¿Qué podría perder? Al otro día va a ser como si nada hubiera pasado. A lo mejor eso hay que vivirlo una vez en la vida, para saber lo que es. Porque ella sí distingue amor y sexo y placer y circunstancias y sabe que nada es tan fácil como “si lo amas nunca le vas a ser infiel”. Porque es de esa clase de cosas que no puedes saber porque otro te lo cuenta.

Así que se presenta sin miedo, confiada, dispuesta. Pero apenas él roza su piel  y ella sabe que no, algo no anda bien. Sus poros se cierran toda ella se cierra. Algo le dice no, pero ya es tarde. Su cuerpo le dice que no le gusta, brota el miedo que rápidamente se convierte en pánico cuando en cuestión de segundos él se le sube, la aplasta para acariciarla y besarla precipitadamente, sin ritmo sin gracia, como un mendigo hambreado queriendo devorar un platillo. Ella dice no no no, así no ni de ninguna manera, él no cesa, al contrario, arremete con más fuerza. No sabe si por ser hombre, o por estar excitado, o ella es demasiado débil y pequeña, la somete sin ningún esfuerzo, la inmoviliza y la babea e intenta arrancarle la ropa frenéticamente. Ella no puede más que revolcarse como gusano. La fuerza no es el camino, tal vez la huida. Logra zafarse una y otra y otra y otra vez, sólo para que él la tumbe con más ímpetu. Lo peor es que le habla muy cal-ma-da-men-te mientras le inmoviliza violentamente los brazos: -no, no, no, no te resistas, te va a gustar (esa frase socorridísima de los chistes guarros de los que ella se ha muerto de la risa, ahora le eriza la piel de miedo).

El pánico ya es terror. “Me va a violar, voy a ser violada, está violándome”. “Así que esto se siente ser violada, está pasándome, lo que tanto temí y pensé que por la edad ya lo había superado, está pasándome”. Y con la velocidad del rayo anticipa lo que viene, desde la carne, dios, el instinto trabaja a mil por hora, dios, el instinto le dice que no es la fuerza, que no es la huida; que es el ruego.  Ahora el chiste es controlar ese pánico que quiere hacerla gritar con todas sus fuerzas, golpear con todas sus fuerzas aunque no logre más que exacerbarlo más, el pánico que la quiere hacer luchar y salir y llorar y explotar y por favor regresa el tiempo, no por favor no ¿por qué no lo vi venir? porque esto es un psicópata, alguien perfectamente normal y amigable y confiable y tu vecino más amable o tu amigo o tu hermano o tu padre o tu maestro que en realidad es…que no puede tener una relación sexual normal, que el sexo es el detonante de casi todas las patologías, que ya lo sé, que la mayoría de las violaciones las comete gente cercanísima a la víctima, que ya me siento culpable, ya siento que yo lo provoqué, yo me lo busqué, yo me lo merezco. Y después qué voy a hacer, cómo lo explico, ni siquiera lo voy a poder denunciar: fui a un hotel por cuenta propia y él me violó. ¿Y si intento convencerlo, razonar? Me va a decir ya estás grande, ya lo has hecho hace tiempo ya que no eres virgen ya sabes cómo es esto así que déjate de mamadas. Y el asco que voy a sentir, dios, y las secuelas, y el trauma, y el arrepentimiento y la culpa y el odio y la soledad porque todo esto es clandestino. Que esto sea una pesadilla, no lo es, sé que no lo es. Ya le está manoseando las nalgas por debajo de la ropa, ya le baja el pantalón, ok ya tengo que rendirme no huyas, no te bloquees, no te rindas, todavía no busques que te haga el menor daño posible, por favor que ya está gimiendo. Por enésima vez logra zafarse y por primera incorporarse de la cama. Él la jala hacia sí, la encierra con sus brazos, no está jugando, sus brazos son muy fuertes. Quedan frente a frente, un instante antes de que él comience de nuevo. Ahora, ahora. Le ruega. Lo mira a los ojos y le ruega, le dice por favor no, por favor estoy muy asustada no así no, hace falta un matiz, por favor me estás asustando mucho, por favor estoy creyendo que vas a violarme, por favor me estás dando miedo.

Él reacciona: “ay por favor! ¿yo? ¡¿Pero cómo me crees capaz?! Ay no yo nuuunca haría algo así, ¿cómo te atreves a pensar eso de mí?!-. Lo importante es que la suelta y ella rápido se acomoda la ropa y busca su chamarra y busca sus llaves y se coloca a resguardo. -Sí, disculpa, pero es lo que pensé, porque te decía no no no y tú seguías y no dejabas que me soltara-. -¡Ay por favor! ¿De qué tienes miedo? si hasta estabas gimiendo!-. No importa, ella ya está a salvo. Advierte que su estupor es genuino, no es una trampa. De verdad está indignado y contrariado por la tremenda difamación que recibió. De verdad le quiso hacer daño y de verdad es el típico violador que ni se da cuenta de su violencia. -¿Cómo puedes saber que no te gusta si no te lo he hecho?! Ya si después dices que no te gustó me voy a avergonzar un poco, pero yo sí lo habré disfrutado a madres…

De verdad se salvó, de verdad estuvo en peligro.

Al otro día amaneció como si todo hubiera pasado.

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