Post extenso, pero con moraleja edificante

Uno de mis innumerables defectos y creo el más importante y dañino que-me-ha-llevado-al-callejón-sin-salida en el que ahora estoy en mi vida, es la inconstancia y desidia. Para ejemplo mis dientes. Desde hace cinco años tengo frenos, cuando se suponía que con dos bastaba. Todo porque simple y sencillamente… no voy al dentista en las citas correspondientes.

Pero remontémonos al principio. Cuando tenía 6 años mi mamá me llevó al dentista en un hospital o algo así de Tlaltelolco, por parte del issste de su trabajo. Para conseguir la maldita cita con el ortodoncista fue todo un triunfo burocrático que llevó meses. Recuerdo que al fin lo logramos y fuimos a mis citas, teníamos que llegar casi de madrugada, yo faltaba a la escuela y mi mamá a su trabajo, me sacaron moldes de mis dientes para hacerme los frenos, etc. Cabe aclarar que mis dientes no estaban mal, era una ortodoncia por demás sencilla. El caso es que ahí mis recuerdos se borran, cero hospital, cero dentistas, cero frenos, cero desmañanadas. Pasaron los años y ya siendo yo una jovenzuela que me surge la duda y le pregunté a mi madre que qué onda, por qué finalmente nunca tuve frenos ¿acaso mis recuerdos eran invento de mi imaginación traicionera? “No, me respondió, así fue. Lo que pasa es que finalmente tu papá y yo decidimos que mejor no, que tus dientes no estaban tan mal, y que no había que fomentarte la vanidad y que te conformaras con el aspecto con el que habías nacido”. O sea, ¿what? Que alguien me explique por favor. Después de tanto desmadre, fíjate que mi mamá dice que siempre no. Y luego su rollo estúpido de la vanidad y todo eso. Pues les falló su gran ambición de educarme en la profundidá del alma a través del no te ocupes de tu aspecto, ese envoltorio transitorio que se han de comer los gusanos, fue como si usaran la psicología inversa porque si algo me ha obsesionado es el cómo me veo y la flacura y soy una consumista atrabancada de ropa y chunches para el pelo y maquillaje y zapatos y…para qué le sigo.

Y los años siguieron hasta que me entró la idea de pagarme yo la ortodoncia para que mi dentadura fuera per-fec-ta. ¡Claro! ¿Por qué diablos no se me había ocurrido antes? Si ya soy mayor de edad y desde hace añísimos tengo solvencia económica y toda la cosa. Y cuando una idea se me mete en la cabeza y peor, cuando esa idea tiene que ver con la perfección… bueno, pues que me lanzo con el dentista, el primero, cabe aclarar. Ahora reconozco que era un dentista medio chafa, baratero, vulgarzón y caía en el hígado. Yo tenía pocos meses de vivir en mi pueblo de diez casas, así que fui con el primero que vi; debí sospechar en cuanto miré su título salido de universidad de pueblo. Valoró mi boca y aceptó que era un proceso muy sencillo que no requería de braquets con fierros, sino que bastaba con la madre esa quitapón que es un fierrito solo que va por enfrente de los dientes para alinearlos. Ahh peeero si yo quería, podía modificar mi bonito perfil y convertirlo en maravilloso y fotogénico, quitándome ¡cuatro! premolares para, ahora sí con braquets y fierros y dolor y apretar tuercas, jalar toda mi dentadura hacia atrás. Mi perfil nunca me había convencido, mis amiguis niñas bien de la santa alianza francesa (por sus precios manchados) se habían realizado el mismo proceso, y me dio por mi lado flaco y acomplejado, de modo que acepté más que raudamente.

Me hizo mi presupuesto para dos años (el precio debió haber sido otra señal de alarma, pero yo no tenía referencias con qué comparar) ¡Fue horribleeeee! Soy chillonsísima para el dolor y odio odio odio que te anestesien la boca, no sé que odio más, si el dolor o las agujísimas con anestesia y la falta de sensación y la baba saliéndote sin control y la sangre y el sabor y guácala. Total que me tuvo que inyectar muchas muchas veces porque yo seguía sintiendo dolor y resulta que mis dientes son sanísimos con unas raizotas que nomás no querían ceder. Fue como en la edad media, él con unas pinzas jale y jale con todas sus fuerzas. En cuanto sacó el primer diente me arrepentí con toda mi alma de mi decisión (por el dolor, no por mi anhelado perfil); pero demasiado tarde, ya sin un diente, pues a fuerzas tenía que seguirle con los otros tres.

Total que me colocó los braquets y tenía que ir cada mes durante dos años. Solamente fui como 8 veces en un año y el siguiente simplemente me desaparecí, no me pregunten por qué. Como a los dos años y medio de haber iniciado todo el desmadre pensé que ya era hora de hacer algo al respecto, pero ¿cómo regresar con el mismo monito después de tanto tiempo? ¿Pero y las citas que ya le había pagado? Como ya tenía a quién preguntar en el pueblo, me recomendaron a uno que fregoncísimo y careeesimo. (Véase cómo aunque sea aprendo del error y procuro progresar y estaré acomplejada pero ante todo hay que procurar la salud y lo barato sale caro). En efecto, consultorio nice en colonia medio nice a dos cuadras de mi casa, doctor mayor, canoso, respetable, título de la UNAM y un chingo de diplomas y sus pacientes puros niños con uniforme de la escuela más cara del pueblo, profesionalismo y seriedad. Apenas alcancé lugar en su saturadísima agenda, a tres pacientes nos citaba a la misma hora, con tal de acaparar más. Me mandó sacar un chingo de radiografías (cosa que el primero nunca hizo), me hizo un presupuesto que casi me voy de espaldas, yo pensaba que ya iba de salida pero me demostró con un programa en la compu muy acá de animación que me faltaban casi dos años y me sentí muy bien porque por fin estaba en buenas manos. Para entonces ya se me habían caído algunos braquets, así que me puso unos muy de última tecnología y otros los conservó. Tenía que darle un anticipo enorme y cada cita mensual de diez minutos me costaba mil pesos, de la cual yo salía adolorida porque me apretaba las tuercas y durante días no podía comer más que sopitas.

Todo bien hasta que en marzo pasado fui a mi cita, y me programaron la del mes siguiente, fecha que simplemente… se me olvido, sí, como los niños chiquitos, “se me olvidó”. Como su agenda está llena para todo el mes siguiente, pues me dio miedo ir a sacar nueva cita, me dije: “mejor voy sin avisar y me espero hasta que pueda atenderme”. No era tan mala idea, de no ser porque pasaron semanas y semanas y… no iba ni hablaba ni nada. Y ESO QUE EL CONSULTORIO, COMO YA DIJE, ESTÁ A DOS CUADRAS DE MI CASA. ¿Qué diablos pasa conmigo? Conforme pasaba el tiempo, pues más me paralizaba porque ¿ahora qué le digo, cómo justifico los meses que no he ido? Me va a regañar, qué miedo. (o sea, como si tuviera cinco años). Pues el caso que ya es octubre y de plano tuve que reconocer que ya no fui, hasta tengo varios braquets zafados. Ya a estas alturas no le puedo decir nada decente, y además qué tal si me cobra por volverme a recibir y ya no va a respetar el presupuesto inicial y blablabla. A estas alturas ya debería estar usando el maldito detenedor, pero bueno, si me pongo a hacer cuentas no sólo de tiempo sino también de dinero…

Entonces, pooooor fiiinnnn, encaré la situación y fui… a oooootro dentista (por favor, por favor, por favor que sea el último), ya no cerca de mi casa (qué ganas de complicarse la vida, de veeerasss), consultorio nice en colonia nice en placita comercial nice, decorado nice y todo muy bonito. Okay, semanas antes, primero ir a sondear el sitio, bien. Segundo, solicitar cita, que me dieron para dos semanas después (o sea para antier) porque también está saturado. O sea, el tiempo sigue pasando pero si ya dejé pasar nosécuántos meses, pues dos o tres semanas más es lo de menos, no?

 Antier fui a mi cita. Hasta el momento, sólo había tratado con su secre, llené una boletita con mis datos personales (en ocupación y quién lo recomendó no puse nada) y veía a sus asistentes pasar y una de ellas me invitó a entrar al despacho del doctor “ahorita viene, tome asiento”. Me senté y la puerta quedó a mis espaldas. Cuando entra el doctor… NO MAMARRRRRR, BECCA, NOOONONONONOOOOOOO, EL MONITO MÁS GUAPO DEL MUNDO, así de noooooooo mames, qué Brad Pitt ni qué mamadas, nonononono, todavía no me recupero de la impresión. El monito está guapérrimo, de portada de revista internacional, de anuncio de lentes prada, de anuncio de relojes cartier, nonoonnonono, fue una impresión cardiaca, deberían poner un letrero de advertencia.

Fue una situación de trágame tierra. Yo muy cómoda e inocentemente sentada y él que entra por mi costado, desde atrás. Yo tuve que voltearme, sentada, para saludarlo de frente desde que él iba entrando, pero que recibo la cardiaca impresión de su guapura. Ya me imagino la cara de estúpida que debí haber puesto, no se me cayó la baba porque al mismo tiempo lo saludé de mano y volví enderezarme en mi asiento. Nononoono, y además de guapo, inteligente, con una personalidad increíble, voz de anuncio de radio, mirada firme, inteligente, cuerpo delicioso, con un porte impresionante. Lo único malo es que deja entrever una leve actitud aprendida de joven emprendedor acorde con estos tiempos competitivos: el tono de voz y  movimiento de manos que han de enseñar en los cursos del tec o en los cursos gringoides para desarrollar una personalidad emprendedora, “agresiva”, convencer al cliente y ser rico y exitoso. Pero nada grave, cuando habla y su mirada es más que inteligente. Se le perdona porque se ve  jovencísimo, como de treinta y cinco.

Desde hace varios años domino con maestría el difícil arte de ocultar el nerviosismo, pero esta vez valió madres. En cuanto lo vi sentí cómo me puse roja roja roja, y entre más lo trataba de dominar, más roja me ponía, hasta sentía mis orejitas calientes. Fue horrible. Y él sentado frente a mí interrogándome y lo peor, dándose cuenta de lo nerviosa que me había puesto, y lo peor, tratando de ser amable y fingiendo que no se había dado cuenta.

Yo que pensé que me iba a atender de cero, pero que indaga sobre mi historial dental. Después de varios minutos eternos sentí que el color se iba y me tranquilicé, pero ya había dicho varias tonterías. –Es que tengo meses sin seguir el tratamiento. -¿Y por qué? –Es que mi dentista ya no está- Es que cómo le iba a explicar por qué dejé de ir si ni yo misma lo sé, tenía que inventarle algo. Puedo decir mentiras sin titubear ni planearlas fríamente, pero lo difícil es mantenerlas conforme avanza el interrogatorio. –Ah, ¿se fue? –No, más bien yo me vine. -¿Dónde estabas? –En el df. -¿y no tienes nada nada nada de tu tratamiento? ¿No puedes recuperar radiografías, avances, reportes? -…No… -Mmmh, es que en casos como  el tuyo, entre los dentistas nos comunicamos y nos enviamos los historiales, así es más fácil. O incluso los recomendamos con algún dentista del lugar al que se van a mudar los pacientes. ¿Con quién estabas?- Hasta aquí todo iba bien, pero esta pregunta me tumbó mi teatrito: titubeé y mis ojos miraron hacia el lado (signo evidente de que estamos mintiendo) – Ayyy no me acuerdo, uno en la colonia Roma. Trágame tierra por favor – Bueno, mira, pues necesito estas radiografías y blablabla y eres una paciente muy joven (dios, vio mi edad en el papelito y me considera joven), y blablabla y ¿ya conoces bien el pueblo? y blablabla y te reviso y con las radiografías ya podremos hablar de tiempos y presupuesto y pásale aquí para revisarte y te hicieron un buen trabajo, te faltan estos detalles, tienes muy buena mordida, ¿te sacaron dientes? tienes dos técnicas diferentes, y me hablas cuanto antes para darte cita, y cuídate mucho, y nos vemos. Y yo de: por qué diablos no vine más arreglada, no me veo tan peor pero tengo días mejores, no es que quiera ser adúltera ni siquiera se me da el más leve coqueteo y el monito ni modo que se fije en mí y se ve súper profesional, pero de todos modos. Bien me dijo hace años mi mentora de estilo y personalidad que diario debía arreglarme super nice, si hasta me enseñó a hacerlo a conciencia y me diseñó mi look de señora-jovencita-profesionista-esposamodelo y yo que no le he hecho caso y sigo vistiéndome con jeans y maquillándome en cinco minutos y ahora veo las consecuencias y comprendo el sabio consejo de mi mentora pero pus ya pa’qué. Pero no me está interrogando solamente con las palabras, sino que me observa atentamente mientras habla, observa mi postura, mi cuerpo, mis manos (por fortuna me puse mis anillos finos y de gusto impecable y mis aretes), así que voy a poner mi mirada de qué profunda soy y segura e intelectual de izquierda y lo miro a los ojos directamente y acuérdate de sonreír que todo-mundo te dice que la sonrisa te cambia completamente el rostro, pero claro, una sonrisa neutra, profunda, imparcial de no-me impresiona-tu-físico-espectacular y ash, pobre de mí.

Moraleja: no sean inconstantes por favor. Se van a ahorrar tiempo y dinero y vergüenzas y mentiras.

O sí, y puede que conozcan al monito o monita más guapo(a) del mundo y logren una dentadura per-fec-ta porque la primera opción me hubiera dejado bien chafa.

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Una respuesta a Post extenso, pero con moraleja edificante

  1. Ross dijo:

    Frenos por vanidad??? que yo también traigo pero pues es por necesidad… sufrir así nomás por puro gusto y placer de verme bien nunca lo haría, es un dolor muy caro :S es más creo que yo no falto a mis citas porque el muchacho o asistente o recepcionisto o quien sabe que será de la doctora es el hombre más sexy del rancho, así alto, delgado, cabello castaño y largo y tan tan guapo, que hasta mi novio dijo que era un gancho para atraer a las clientas mujeres… ¿que come que adivina?

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