Reconciliación

Me acuerdo del vacío en la boca del estómago cuando creía haberme equivocado en algo. Me acuerdo de que cuando era niña nunca me equivocaba, sí, nunca. No me arrepiento. Pero también me acuerdo de que tenía miedo. ¿De qué? No sé, sólo miedo. Me acuerdo de que era (soy todavía, aunque bastante menos) muy tímida, introvertida, seria. Así que me perdí de hacer cosas, por miedo. Pocas, pocas cosas me perdí, pero importantes. Cosas que únicamente pueden y deben vivirse antes de los veinticinco. Y ahora que soy grande (el tiempo implacable), ahora que cumplo años, ahora que empiezo una nueva década, no hay vuelta atrás.

No importa. En muchas formas me atormenta el “y si hubiera…”. En esto no. En esto tengo la suficiente madurez para no atormentarme con la vuelta del tiempo, porque , sin autoengaño de por medio, que yo fui así y no asá porque no podía ser de otra manera, simplemente no pude, yo era yo, y así tuvo que ser. En todo caso debo aprender a aceptar el tiempo y la vida como ha venido, como yo lo he decidido, tengo que aceptar los tiempos de mi vida.

Mi pasado fue como tenía que haber sido. Y la certeza la tengo porque desde que tengo uso de razón he luchado conmigo misma, en el mal sentido y en el buen sentido también. He luchado por no ser una espectadora de mi vida. Por lo tanto no cabe el arrepentimiento. Dolor, sí ¿por qué no? ¿Qué voy a hacer con eso? ¿Qué voy a hacer en adelante?

Me acuerdo de que no me gustaba mi reflejo en el espejo.

Ahora, me gusta lo que veo. Es una conquista que me costó años, años y lágrimas y dolor y… mucho escuchar.

Me acuerdo que, desde pequeña, todo-mundo me decía “pero qué madura, pero qué inteligente (puag, ¿qué es eso, los dieces en la boleta?, pero por favor), pero qué fuerte, pero qué interesante”. No me lo creí.

En los inicios de mis veinte, la inocencia se acabó. Lloraba cuando escuchaba el corito “Ya no soy ya no soy la infantil criatura la inocencia se acabó… Ya no soy ya no soy la de ese cuerpo extraño…” El Mal  tomó forma, conocí mi propio infierno, me convertí en mi peor enemiga. Supe en carne propia que el instinto de supervivencia es muy débil y furtivo en los seres humanos, que algo tan básico como alimentarse puede ser…todo menos simple. El Deseo tiene mil máscaras.

Fue breve, pero la duración no es proporcional a la intensidad. El dolor no tiene medida ni rasero.

Ahora, veo hacia atrás y sí, sin darme cuenta, he sido fuerte, sólo fuerte. Y me gusta. Y sonrío. Y me gusta que me vean. Y ya disfruto que me digan cosas bonitas, sobre todo cuando son ciertas. Y me veo a los ojos. Y te veo a los ojos sin miedo. Y me descubro caminando con la espalda derecha y los hombros hacia atrás. Y me gusta. Y me gusto.

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3 respuestas a Reconciliación

  1. Lear dijo:

    Yo me declaro en contra de aceptar que terminan a los 25, como una de esas cosas no sea el gusto por Green Day. Eso mejor olvidarlo desde antes. Lo que es cierto es esa sensación que causa el pasado cuando uno lo ha ¿superado?, ¿asimilado?, ¿aceptado?, ¿ninguna de las anteriores?

    • Becca dijo:

      Pues a propósito de una entrada tuya, ser alumno y tirarse o dejarse tirar por el maestro sí termina a cierta edad. Seducir a alguien mayor usando tu juventud como mejor arma es otra. Claro que la edad te da otros poderes de seducción… No sé, terminan cosas, y empiezan otras.

  2. Cannabis dijo:

    Me restan dos minutos antes de que sean los 54 necesarios, entre descarga y descarga del Megaupload para tirarme otro capítulo de ‘Felicity’. El resto los desmoroné leyéndome tus odiseas románticas —de romanticismo o eso—.

    Escribiste nostalgia en alguna entrada, lo miré: fue la explosión lógica de una gota. Qué sé yo (aunque me placería saber algo algún día, gracias). Then leo esta entrada, especialmente ésta: no evitándome los tangos y viniéndome una imagen a lo Nabokov sobre una joven atraída por su señor teacher, que me hace pensar en el tiempo ido. Alguna vez nos pasa que la aventura es a una edad cuando a otra es una locura. Como a vos.

    Y a mí me chiflan ambas muy between lines.

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