Al fin enfermé como la gente normal

Querida Becca,

Pues sigo muy muy pero que muy enferma de gripón loco, a pesar de que,  contra toda costumbre, fui al issste desde los primeros síntomas, porque como buena ciudadana, me dije: no pues con esto de la influenza que se está muriendo todo mundo pero ya no dicen nada las autoridades aunque estamos peor que en mayo, pues de seguro me van a recibir con los brazos abiertos, me van a atender con eficiencia absoluta, me mandarán a mi casita para que no contagie a mis compañeritos… Pobre ilusa. Pues que me batean, como dije en el post del lunes (sorry que me da flojera poner el link, de hecho ni sé cómo hacerlo y me da gueva averiguarlo). Así que sigo trabaje y trabaje pero con una gripa que no veas, en vez de aminorar parece que empeora.

Pero el caso es que como me batearon, pues que me regreso al trabajo pensando ingenuamente que a lo mejor estaba yo de chillona, y que no era para tanto que al rato se me quitaba. Pero como a la una ya no aguantaba la garganta ni podía pasar saliva de las anginotas. Fui al simi de por mi antigua casa cuya doctora goza de gran reputación profesional pero había las multitudes. Esperé dos horas, retorciéndome de dolor de cuerpo cortado y ya con fiebre, terminó el turno de la doctora y empezó el turno de un doctor, y que llegan más multitudes quesque porque dicho doctorcito goza de fama todavía mayúscula y que es la octava maravilla. Finalmente llegó mi turno y que sí estaba yo muy mal y me recetó inyecciones potentísimas ¡dos cada día!. Salí a comprarlas y ya no quise regresar al mismo consultorio a volver a hacer la megafila para la mugrosa inyección. Astutamente pensé: ahora voy a un simi en colonia nice porque seguramente debe estar vacío. No le atiné, pero al menos no había tanta gente como en el primero: esperé sólo media hora. Cuando pasé ya estaba yo hecha una ruina, el doctor era jovencísimo, guapo sí (con fiebre y todo lo pude detectar, jijiji), mangas dobladas, ni bata traía (no importa, pero me fijé mucho en eso, no sé por qué) y como que era hiperactivo, no me vio a la cara y se movía frenéticamente.

Cariño, ¿te dijeron que estas inyecciones duelen muchísimo? -Yo pensé: no, y nunca les había temido hasta este preciso momento,  gracias por decírmelo, que ahora ya empiezo a morirme de miedo y nervios. -Recuéstate, cariño. -Descúbrete del lado que quieras, cariño-. Yo ya muertísima de pena. -Va el piquete, cariño. -Eres fuertísima, cariño, porque éstas duelen mucho. -A ver, mueve la piernita, cariño-. Yo la muevo frenéticamente. -No, deja te ayudo, cariño-. Me toma la pantorrilla, y flexiona la rodilla hacia atras-. Yo ya de trágame tierra, con mi media nalga al aire todavía. -Ya te puedes bajar-. Yo torpemente empiezo a querer bajarme. -Ay, con cuidado, cariño-. Se acerca raudamente y me detiene el banquito con el pie. Cuando me dispongo a irme, -Te abro la puerta, cariño.

Lo único bueno es que a la media hora, la garganta se me despejó como por arte de magia, y la fiebre desapareció. Ilusamente (sí, muchas ilusiones frustradas en poco tiempo) pensé que había vencido la enfermedad gracias a mi rápido actuar, pero el martes amanecí con gripa, y hoy de veras que el catarro no me deja, los ojos me lloran copiosamente y mis oídos están tapados y me veo muy mal, y eso que ya llevo cuatro inyecciones.

En fin, pero me conformo con que hayan desaparecido las anginas ¿te imaginas si no hubiera ido al doctor? Ya estaría al borde de la muerte, porque cuando me enfermo de la garganta es algo horrible horrible horrible. Desde mi infancia, las anginas han sido mis peores enemigas. No puedo ni respirar, me tumba en la cama, no tengo fuerzas ni  para dar dos pasitos, no pienso, no carburo, me da la depre cañón, me dan muchísimas ganas de llorar, me quiero morir morir morir, no Becca, me siento muy mal y ni de broma puedo hacer nada nada nada, siento que la cabeza me va a estallar, pero como de cosas que traigo atravesadas, siento energía rara, veo todo negro, con tanta debilidad obviamente no puedo bañarme, por lo tanto obviamente no puedo salir, no puedo ni respirar, nononono, es algo indescriptible.  De hecho estoy convencida de que esas gripas son como una válvula de escape de todas las vibras feas, es algo somático porque no es normal. Siempre veía yo como marcianos a la gente que enferma y todo iba a trabajar o a la escuela. Bueno, con decirte que ni siquiera podía ir al doctor, de tan débil y mugrosa y deprimida que me sentía cada vez que me enfermaba. Me acuerdo de una monita en la facultad que estaba sùper enferma de la garganta, ni podía hablar, y el gripón loco, y como si nada no faltaba a la escuela, y encima de todo: ¡seguía fumando como chacuaco!  Y sólo es un ejemplo, claro, porque así es la mayoría de la gente. Además por muy enfermos que estén lucen igual que siempre, o sea su aspecto no cambia.  Yo llegué a faltar semanas enteras a la escuela por la maldita infección, que me daba sobre todo después de las entregas de ensayos finales en la escuela.  O en el trabajo anterior también tuve que faltar. Yo me sentía como de: ¿por qué no me puedo enfermar como la gente normal?  Y me veo espantosa, como si me hubiera pasado un tren por encima, sin importar cuánto camuflage le ponga yo a mi cara.

Total, que esta es la primera vez que me enfermo como la gente normal, tengo una gripa marca diablo pero puedo seguir mi vida, me he bañado como si nada, he ido a mi trabajito, he salido, etc. Mi monita loquera sí ha servido, Becca!

Felicidades a ella, felicidades a mí.

p.d. Por cierto, el lunes tuve el inicio de otra revelación en el diván, pero me asusta, porque literalmente es algo fuera de este mundo.

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4 respuestas a Al fin enfermé como la gente normal

  1. Lear dijo:

    No sé, no sé, ¿qué le pasaba a ese doctor? ¿”Cariño”? ¿En serio? Maldita ética profesional… De lo otro, yo tengo al año cierto número de gripes/infecciones/etc relativamente llevaderas, que no afectan más de lo usual la molestia diaria que de por sí implica levantarse y meterse en la regadera. Sin embargo, hay un momento (uno solo) en el que me pega en verdad (usualmente a finales de septiembre) y me convierto en botarga madreada de mí mismo.

  2. Becca dijo:

    Sí, qué horror. Supongo que nuestro cuerpecillo nos pasa factura de nuestros pecados para que nos tomemos pausas forzosas.

  3. Ross dijo:

    jajajaja pero me traes a carcajadas Becca, digo, no es que me ría de tus desgracias pero esque lo haces tan ameno.

    De las gripas creo que solo 2 en la vida me han tumbado a la cama… yo si me enfermo como la gente normal =P

  4. Becca dijo:

    Hola Ross, jajaja, sí, yo lo leo y también me muero de la risa. Me salió chistoso el post y eso que me estaba muriendo. Nada como poder reírse de uno mismo…Pero definitivamente los post amarguetas y quejicas ganan de calle, jijijiji, ni modo.
    Saludos!

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