Quejas y más quejas

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Hace dos semanas cumpleaños de gente odiosa y despreciable, atrabiliaria. En la mañana venía muy feliz en mi coche, escuchando una canción de Zoé que me levantó el ánimo, cantaba como loquita a voz de cuello, sin importarme que los demás conductores me vieran. Pero de nuevo aquí, rodeada de gente espantosa. Las normas diplomáticas y de la hipocresía elemental dictan que debía felicitar a los cumpleañeros, sobre todo porque son jefes, pero no tenía la menor gana de hacerlo, estaba muy cansada como para reunir fuerzas y energías para ser hipócrita. Además la oportunidad ya se me había pasado, porque los saludé en la mañana y no les dije nada no por mala onda, sino porque no sabía que era su cumple, sino hasta despuués que me pasaron el dato (yo siempre tan despistada). Ash, ya ni modo, me vale. Uno está pero inepto inepto inepto, camina todo encorvado de tan acomplejado, habla bien bajito, tiene gente a su cargo pero no sabe ni qué onda con nada, con el consecuente resultado de que su departamento es un completo fraude que funciona porque de veras dios es muy grande. Y el otro, un ignorante mayor, despreciable, jefe tóxico inepto que apenas logra hacer sinapsis cuya principal función es inventar chismes, enemistar a los empleados entre sí, acomodarlos en el lugar que menos les  gusta y para el que tienen menos aptitudes, en fin, hacer de todo para tenernos descontentos y desmoralizados.

Yo nada más viendo pasar a toda la bola de gatos lamebotas apuradísimos trayendo flores y regalos. No puedo creerlo, yo misma con estas orejas que se han de comer los gusanos los he escuchado decir pestes del cumpleañero a todas horas, quejas de su proceder, burlas e imitaciones, críticas implacables a su labor jefística y hasta le recortan su forma de vestir y de hablar; pero míralos Becca cómo son hipócritas y arrastrados, ya no hallan cómo reverenciarlo.

¿Por qué no vienen a trabajar y punto? Pero no, tengo que oír sus comentarios mala leche. Yo por lo menos los vengo a desahogar aquí o en el otro diván, para que me sea más fácil dedicarme a mi día a día. Hay que saber dónde depositar nuestra basura y nuestro lado oscuro, que todos tenemos. En cambio, ellos son todo críticas y tonterías, nadie se salva, y por el lado más idiota: que cómo nos vemos, que cómo es su vida, malos deseos, etc. Tú sabes, Becca, que en mi vigilia no juzgo a los demás por su exterior solamente, me gusta ver el interior de las personas. Ya hasta me acostumbré a que cada que me acerco a mis compañeritos o paso junto a ellos, me toca mi barrida total, desde mi cabello hasta la punta de mis pies. Veo a tres platicando muy amigablemente, bromeando y amiguis amiguis, y en cuanto uno de ello(a)s da la vuelta, los restantes arremeten contra él (o ella) por todos los ángulos posibles.

Y en cuanto al trabajo y nuestras aptitudes y talentos, eso no cuenta para nada, empezando por el jefe. Aquí se manejan preferencias absurdas, favoritismos, en donde gana el que hace más caravanas, el más chismoso y conflictivo, o simplemente el más inepto. Los que intentan hacer algo son acallados, ignorados o saboteados. Fuentes autorizadas me han dicho que esta conducta es porque el jefe ve como amenazas a aquellos que sobresalen y tienen ideas, qué horror.  A mí me gusta mucho mi trabajo, pero cada día se me hace muy difícil tolerar esto, a lo mejor estoy mal, no sé. En teoría es un lugar soñado, tiene que ver con mis estudios, pero ya van varios proyectos que inicié de propia iniciativa mía de mí (no por querer llevarme el crédito, sino para resaltar que tengo ánimos para hacer proyectos, que quisiera aportar mi granito de arena y no quiero venir a checar nada más para cobrar mis quincenas, me nace dar más de mí y no sólo cumplir con mis obligaciones mínimas) y me los cancelan así nomás, o ya que los armé, planeé e inicié, me quitan y se los dan a la guanabí que no sabe ni la o  por lo redondo, no tiene la menor idea de nada y no le importa, abiertamente dice que nada más le interesa cobrar y compite con sus amiguis a ver  quién hace mejor el papel de “hago como que trabajo y cuando no me puedo escapar pues lo hago al ahi se va, al fin que ni me lo revisan y me vale, al fin que después otro estúpido vendrá y lo corregirá”. De hecho, lo que estoy haciendo desde hace varias semanas es corregir errores que ellos cometieron el año pasado, pero esto se prolongará hasta que no cambie toda la dinámica, porque mientras yo corrijo, ya pusieron a la guanabi a seguir trabajando en lo mismo que el año pasado, y que en unos meses tendré que corregir yo u otro nominado a quien le guste hacer las cosas bien. Ya no somos niños chiquitos para necesitar que nos anden revisando lo que hacemos. ¿Por qué no hacen las cosas bien, por qué no aman su trabajo? ¿Por qué esa actitud de “yo vengo a cobrar y entre más tonto me haga en el trabajo, más listo soy”? ¿Por qué diablos no se largan y le dan cabida a alguien que sí esté capacitado y sí quiera aportar algo a la sociedad, ya que estamos en una trinchera más que apropiada para aportar nuestro granito de arena? ¿Por qué, por qué, por qué? Lo más irónico del asunto es que más fácil que me salga yo que ellos, son mayoría y ya parece que van a arriesgarse a renunciar, estando la situación como está. Renunciarían si fueran coherentes y quisieran buscar algo en donde realizaran su profesión y crecieran personalmente, pero eso no les interesa, ni siquiera se lo han planteado nunca en su vida. Trabajo es igual a sueldo y punto. Todos trabajamos por un sueldo, claro. Y todo trabajo debe ser remunerado, claro. Pero como seres humanos que somos, también deberíamos buscar en el trabajo un medio de realización personal y de mejorar nuestro entorno, pero bueno…

¿Cómo diablos van a fomentar algo que ellos mismos no tienen? ¿Cómo van a inculcarle a la gente el gusto por los museos, por la música, por el teatro, si ellos nunca han ido a un museo ni les interesa? , ¿si sus pláticas son de quién se acostó con quién, o cada diez palabras se avientan un comentario en doble sentido, de qué guapo está Ricky Martin o Levy, o su vida gira alrededor de los días quince y treinta de cada mes?, ¿si su máximo en la música son Maná, Chayanne y El símbolo?

En fin, Becca, que estos desahogos me sirvan para recargar un poquito la pila y seguir intentando -ay qué difícil- poner mi corazón en lo que hago. Quiero evitar a toda costa terminar como ellos, evitar que me absorban, evitar que me resigne y haga como ellos al-fin-que-de-todos-modos-me-pagan, evitar hacer las cosas al ahi se va. Es que los veo y escucho, y pienso ¿para qué si aquí todo está trastocado, no valoran mi trabajo al contrario me desalientan y los demás tan felices haciendo sus porquerías y hasta los premian? Peo no, Becca, no debo hacerlo por buscar un premio ni una palmadita. Debo seguir poniendo mi corazón por mí misma, por seguir los valores que me enseñaron en mi casa y la formación integral y de primera que me dio la universidad, porque yo seré la que viva conmigo misma el resto de mi vida, porque me gusta verme de frente al espejo, ir con la cabeza en alto. O me sigo aguantando y luchando por sobrevivir como yo soy y como fui educada aunque tenga que quejarme contigo cada dos por tres, o, si no aguanto, tendré que salirme. Esas son las dos únicas soluciones que le veo, porque la opción de mimetizarme con esta gente y el ambiente y hacer como ellos, ésa NO ES OPCIÓN, BECCA. El tiempo que dure aquí, es porque sigo dando lo mejor de mí.

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