Crónicas vibratorias

En el gimnasio al que voy (gimnasio entre comillas, porque son máquinas vibratorias que han alimentado horriblemente mi holgazanería, ya que sí funcionan. No he bajado ni un kilo, pero tampoco he subido, y eso que dejé de hacer spinning cinco días a la semana, y además me ha moldeado el cuerpo) hay una encargada-“entrenadora”-da informes-hace la limpieza-y lo que se ofrezca toooodooo el día: de siete de la mañana a nueve de la noche, pues ése es el horario de atención de lunes a viernes, y sábado de nueve a dos. Pero si alguien llega minutos antes del cierre, pues la monita se tiene que esperar a que el cliente termine de hacer su rutina, así que en promedio va saliendo como a las nueve y media o diez de la noche.
Los primeros días, de verla, yo le calculaba 35 o 40 años, porque luce muy mal: está muy gorda (imagínatela anunciándote las mil bondades de las máquinas, que bajas de peso, que adelgazas de volada y blablabla, y ella toda obesa), da la impresión de que lleva dos o tres días sin bañarse, a veces va con la misma ropa que el día anterior y chanclas, no se arregla, es morena y tiene el cutis manchado y deteriorado, en un ojo se le advierte un derrame inminente, no se peina, como que se pone lo primero que encuentra. Eso referente al físico. En cuanto a su ánimo capto una vibra bien fea de cansancio, hastío, fastidio tremendo, totalmente comprensible con esa rutina diaria.
Luego casi me voy de espaldas cuando suelta que tiene 28 años (¡es más joven que yo!), es divorciada, tiene dos hijos, los mantiene sola, su ex esposo le pegaba. ¿A qué horas atiende a sus hijos si nunca puede estar con ellos? Llega casi a medianoche a su casa y todavía le espera el quehacer, comida y demás; y al otro día levántate a las cinco mínimo.
Ay no, Becca, yo nada más la veo y me da la impresión de que en cualquier momento va a sacar la AK 47 y nos mata a todos y luego se suicida. Y no creas, a veces nos atiende más o menos, platica con quien se deje y tiene que poner buena cara a los clientes, pero pues en el fondo tiene un nivel de estrés tremendo y para la miseria que le han de pagar, porque mi pueblo tiene el más bajo nivel de sueldos en todo el país, y a los empleados de changarros no les pagan ni eso.
A mí frecuentemente no me contesta el saludo ni la despedida, y no me atiende inmediatamente, como que se hace la distraída y le tengo que pedir lo que necesito o que me ayude con mis tiempos en la pantallita de la máquina. De pronto me dan ganas de quejarme con los dueños, pero me pongo en su lugar y me imagino cómo será su vida {acaba de pasar la taz guanabi, Becca, ¿así o más plana de las nalgas? con unos jeans pegados y sin bolsas ni costuras en las nalgas o sea que se ve pero de lástima la pobre, pero pasó ella con sus aires de estoy buenísima, jijiji} y las penurias que ha de pasar y lo enajenada y alienada que debe de estar con ese trabajo pero pues qué puede hacer. Imagínate tener que trabajar como ella obligada por la necesidad, y pues me da lástima y compasión y la comprendo y ya no digo nada

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