Trágame tierra

Becca, no manches, acabo de darme cuenta de algo horrible. El otro día estaba en el asqueroso trabajo y me deprimía olímpicamente, así que le hablé por teléfono a mi súper amigo de casi toda la vida conocedor de mis traumas, complejos y neurosis más oscuros pero que de verdad oscuros, y a quien tenía meses de no ver. Entonces me puse a platicar largo y tendido, y como él es mi cubo recibe-quejas y pesares, pues que le cuento cosas del trabajo, todo lo que he hecho desde que no lo veo, mis más ardientes planes, mis infinitas penas, que si voy a escribir tal sobre tal tema, que si mis proyectos son tales, que ya no aguanto el trabajo, que si no lo aguanto porque nomás hay gente naquísima, que si este mugroso pueblo de diez casas y con un clima de la chingada…Y luego el menso de mi amigo que no escuchaba bien y yo subía la voz y me explayaba en mi desahogo.
Y es que aquí me siento tan sola, pero tan sola aaaa aaa aaaa aaaaa aa, y no tengo a nadie con quien desahogarme, me asfixio, todos aquí son tan pero tan diferentes, o yo soy la alien, no sé, el caso es que nada que ver, y pues maldita sea el momento en que se me ocurrió tomar el maldito teléfono, y maldito el momento en que me contestó (que siempre le hablo y nunca contesta). Total, que cuando cuelgo, me asomo y a menos de dos metros de distancia, que están la pinche gorda guanabi y su pinche mosquetera (¿o más bien es al revés volteado?) la guarra más metiche del mundo, para más precisión mis archienemigas que me odian a muerte.
De modo que ahora tienen información valiosísima sobre mi vida y pesares emocionales, lo cual aquí es peligrosísimo, Becca, pero pe-li-gro-sí-si-mo, y me deja en una posición de vulnerabilidad horrorosa, cada vez que pasan cerca siento que me ven burlonamente, quiero que me trague la tierra, y lo peor que la conversación fatídica duró casi una hora, y lo que mencioné arriba no es ni la milésima parte de todo lo que dije, ¡virgen santa!
Ah, y lo de “acabo de darme cuenta” es porque aun cuando las detecté en su momento, todavía pensé ingenuamente : “no importa, desde ahí no se alcanza a distinguir lo que dije, porque un muro nos separa” (sí, pero un pinchurriento muro de tablarroca de quinta) y no me acongojé para nada. Pero hoy estoy en el sitio donde ellas estuvieron ese día y no manches!!!!!!! Está bien cerquita y el pinche muro no bloquea nada y se oye perfecto y más porque yo ni bajé la voz y me quiero morir…
Soy tan patética y debilucha y nada hábil en esto de las relaciones humanas, grupillos de quinta y la manga del muerto. De veras que esto no es lo mío, Becca, ¡¡¡¡¡¡¡quiero regresar a mi mundito de intelectuales opinadores por favor!!!!!!!!! A mi oasis del que yo solita me desterré desde hace años donde vale madre si hablas o no hablas, si tienes amiguis o no, mejor dicho, la norma es no tener amiguis, vale madres si vistes así o asá, puedes tener la apariencia que mejor te plazca, todos son unos mamucas con actitud de yo-lo-sé-todo-lo-he-leído-todo-y-los-demás-son-unos-pendejos, mas no importa porque yo puedo con eso (¿mmmh, será porque yo soy igual?) y porque nada más apantallan pero son inofensivos y en el fondo unos inadaptados sociales como tu servidora.

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