Hastío

Hoy, como desde hace varios días, no tengo ganas de hacer nada (bueno, de hecho desde hace más de una año que no quiero ni llegar al trabajo, pero el deber se impone y “desempeño mi labor”). Estoy en la depre total. Llego derrapando en los últimos dos minutos de mi límite de tolerancia para checar mi entrada. Voy al baño a medio arreglarme la cara porque, como sabrás, apenas alcanzo a bañarme y vestirme en media hora. Salgo y deliberadamente busco plática con quien se deje. Después, todavía con bolsa en mano delatándome que no he acabado de llegar, finalmente me siento en mi lugar y el desasosiego me invade. Prendo la computadora, y, con toda la mejor intención de iniciar mi labor abro internet para revisar mi correo y para buscar la página con la que debo apoyarme para realizar mi trabajo. Al entrar a mi correo, también veo las noticias del día, y una me lleva a otra, y busco en google cualquier cosa, entro a blogs, y ahí ya estoy al fondo de mi desgracia diaria. Los blogs tienen enlaces a otros blogs ad infinitum, de modo que transcurren horas en esos menesteres.
Becca, este trabajo está acabando con mi paz espiritual que, increíble pero cierto, sí tenía. No me malentiendas, Becca, mi trabajo es maravilloso, gratificante, relacionado con mi carrera; sólo que en la práctica es todo lo contrario. Es una atmósfera burocrática horripilante. El ambiente es terrible, horroroso, asfixiante, provinciano (Jünger explica), a nadie de mis compañeros le gusta, están aquí porque los mandaron de otras dependencias para no correrlos. Somos 60 empleados, de los cuales 45 no tienen ni el bachillerato, y varios ni la secundaria (recuerda que estoy en una dependencia de educación, Becca). Y los que sí estudiaron algo: psicología, derecho, informática, administración: nada que ver, en una universidad súper patito y escriben “pollo” con “y”, sí: “poyo”, sí, lo ví con mis propios ojos, así eso es suficiente para que te des una idea del nivel intelectual-social-cultural-mental-de los que tienen a su cargo al futuro de México.
Becca, creo que debo seguir revisando mi paso por este kafkiano lugar, y expongo mis juicios a tus sabias opiniones.

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