Ambiente tóxico, I

He aquí un testimonio, en tres partes. No me atrevo a titularlo como Mobbing, pero podría llegar a serlo, por el estado emocional y los sentimientos de culpa y confusión que manifiesta. He leído al respecto: Iñaki Piñuel y otros dos autores que hay en la biblioteca, y descubro que el acoso laboral es una situación de auténtica anulación del Otro, con métodos de crueldad y perversión sin parangón. Apenas se está empezando a regular en Europa, donde los casos de suicidio por mobbing se han disparado. Pero si no llega a ser mobbing, sí es un caso de ambiente laboral tóxico, promovido por el jefe.

Todo empezó así. Desde que la vi me pareció antipática. Emana de ella una gran soberbia, camina con una prepotencia y se siente la octava maravilla y la más buena del mundo, pero está gorda, deforme. Pensé que tendría unos treinta, casada y con hijos. De todos los que entramos fue la única que me cayó mal de sólo verla. Y resulta que iba a ser mi compañera cercana.

Yo soy muy profesional. E ingenua, ahora lo sé. Por muy mal que me cayó no dudé un segundo en trabajar en buena lid con ella y tolerar su presencia. Y a lo mejor no es por mérito moral profundo, sino por obligación laboral, pero juro que nunca me pasó por la cabeza confundir lo mal que me cayó con nuestro trabajo. Además confié plenamente en la profesionalidad de nuestro jefe y que iba a reinar el buen juicio.

No fue así. Desde un principio me dijo: quiero tu horario porque no me gusta el mío. ¿WTF? En mi cabeza no cabía ninguna mala intención de su parte, qué estúpida fui. No me saludaba y me miraba de reojo, su caminar es insoportable, de verdad. En la primera reunión de trabajo se nos dijo que hiciéramos una presentación general de nuestra área. Cuando quise trabajar con ella, sólo movía la cabeza y no decía nada. Yo soy muy callada, pero su apatía fue tal que tuve que tomar la batuta y decir: bueno, vamos a escribir algo cada quien y mañana nos lo leemos y redactamos uno solo. AHORA SÉ QUE EN ESE MOMENTO DEBÍ HABER IDO DE VIL CHISMOSA A ACUSARLA DE SU MALA ACTITUD. PERO YO NO TENGO ESA EDUCACIÓN Y pensé que iba a mostrar inmadurez al andarme con esos chismes. Mantuve el profesionalismo y en eso me equivoqué porque no entré a un lugar maduro ni profesional ni positivo.

Al otro día, recuerdo que sentí como si estuviéramos en la primaria cuando no falta el compañerito estúpido que se acuesta sobre el pupitre haciendo casita con sus brazos para que no le copiemos. Dije: bueno, ¿qué tenemos? No decía nada. Yo le enseñé mi escrito y ella no me enseñó el suyo, y quedamos igual. Me pareció tan estúpido que no creí que estuviera pasando y no dije nada.

El jefe nos llamó y preguntó ¿qué hicieron? Ella, como en la primaria, inmediatamente se adelantó sobre mí, y le extendió un fólder cerrado diciendo: AQUÍ ESTÁ EL MÍO. ¿Qué la pasa? Eso es de niños de cinco años que esperan la estrellita en la frente, no mames. Me sorprendió tanto que no le di gran importancia.

PRIMER ERROR: No decir nada porque confié en que tuviera la madurez de cualquier adulto de más de 18 años. No dar crédito a la estupidez y mala leche de la que estaba siendo testigo y víctima directa.

SEGUNDO GRAN ERROR: Confiar en el buen juicio y buena dirección del jefe.

Me reí hacia adentro de esa actitud tan estúpida de “aquí está el mío”. Me dije: “bueno, el jefe está viendo con sus propios ojos quién no quiere trabajar en equipo y quién no obedeció la orden que nos dio”

El jefe, sin embargo, se mostró complacido y no dijo nada. Nos dejó una nueva tarea y entonces cada quien guardó su escrito. Y yo fui la estúpida por confiar, confiar, confiar. Dije: bueno, entonces cada quien va a trabajar sobre su escrito porque ella así marcó la pauta y no la puedo obligar a lo contrario y el jefe no dijo nada.

A los dos días me mandó llamar y me dice: vino x y me dijo que no quieres trabajar con ella y que te llevaste tu escrito y no se lo quieres enseñar. ¿???????????????????

Así empezó. Sin exagerar y sin dármelas de víctima, ahora sé que caí en la trampa de ambos. No puedo afirmar o demostrar que el jefe lo planeó, pero sí le echó leña al fuego y se congratuló con la actitud de x hacia mí. En vez de poner un alto y ordenar una buena colaboración entre nosotras aunque nos cayéramos mal, como todo buen jefe debe hacer, en pos de un servicio y desempeño laboral óptimo, fomentó la mala leche.

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